ene 27

Sobre la reeducación financiera

Hablar de re-educación es hablar de algo que salió mal desde el principio, de corregir algo sacado abruptamente del camino de lo bueno, lo correcto o lo deseable. Sólo se habla de reeducación cuando forzosamente hay que hacer algo que no hubiera sido necesario de haber funcionado una educación adecuada, o de no haberse hecho demasiado tarde. Igual con un hábito que con una vida entera, cuando uno se da cuenta de que algo no está bien, el primer paso para corregirlo es olvidar todo lo que uno aprendió, y lo que el mundo enseñó y sigue enseñando. Y si el individuo, la sociedad, el país o el mundo funcionan mal, es porque todo lo que han aprendido funciona mal. Y para colmo, es lo que se sigue enseñando. Y por supuesto, mal.

¿Por qué a la enseñanza secundaria que incluye cosas útiles en la vida como dibujo técnico, programación o contabilidad se le dice “bachillerato técnico”, y a la que enseña cosas inútiles como danzas, artesanías o religión se le llama “bachillerato normal”, “académico”, o incluso “educación vocacional”? Llama la atención que la educación sea sólo una forma de adiestramiento para la dependencia, que las finanzas personales no se consideren importantes, y que la única relación de la educación con el dinero sea enseñar las destrezas suficientes para que alguien consiga un empleo y una hipoteca. Es cierto que aquí y ahora la inflación “baja”, el consumo “aumenta” y la economía “crece”, pero el desempleo sigue siendo alto, y no parece que exista una relación entre educación y desempleo, o entre educación y pobreza. O sí la hay. Si la educación en este país tiene un propósito, seguramente sea algo que no tenga que ver con la vida cotidiana.

Prueba de ello es que mucha gente no tiene la menor idea de cómo administrar el dinero ni su economía personal o familiar. Cuando no merecen que la estafen, la gente solo sabe ahorrar lo que más pueda, abrir un CDT, o adquirir una hipoteca para comprar una casa, arrendarla y dejar que “se pague sola”. O comprar acciones como las de Ecopetrol, que hoy valen menos de lo que pagaron por ellas en la segunda emisión (“No hay mucho que pensar”, decían; “es Ecopetrol”, decían). Y hablar de “educación financiera” es aun más triste: o nadie sabe lo que es, o sólo los bancos, los especuladores, o los vendedores de autoayuda financiera saben lo que es.

Sobre estos últimos, el más conocido es Robert Kiyosaki. Su mayor logro precisamente fue poner de moda el concepto de educación financiera, al punto de casi asociarla con su obra más famosa, Padre Rico, Padre Pobre. Es un buen libro, pero al tener pocos consejos concretos es más considerado un libro de autoayuda que de finanzas personales. Recomienda aprender a distinguir entre activos y pasivos, y su mayor consejo se resume en que la riqueza se construye invirtiendo en activos que generen ingresos pasivos (aquellos que no requieren del trabajo). Un buen consejo pero no más concreto que “consiga más dinero”. Suficiente para despertar la curiosidad e instar a investigar más, aunque uno se encuentre con la otra cara de la moneda.

Algunos consideran a Kiyosaki un farsante, bien por aprovecharse de sus seguidores, por haber fingido una quiebra para no pagar una deuda, o simplemente porque su logro fue hacerse rico vendiendo libros sobre cómo hacerse rico (como los vendedores de métodos para la lotería). Los “autoayudantes” dicen que cuestionar la relación entre ética y dinero al creer que el dinero es “malo” y que los ricos son “malos”, no ayuda a atraer la prosperidad, pero ejemplos como éste o sus favoritos como Bill Gates, George Soros, entre otros, tampoco ayudan. El nombre del juego es hacer dinero, y es un juego de suma cero: si alguien gana es porque alguien más pierde. Capitalismo darwiniano, que llaman.

Después de saber qué es el dinero, lo lógico es saber luego qué hacer con él. Ahorrar es bueno, pero en este país, las cuentas de ahorro son puro sarcasmo. Rendimientos que no compensan ni las cuotas de manejo, CDTs con rendimiento apenas superior a la inflación (hoy los bancos pagan al año entre el 3 y el 6%), y otras opciones “riesgosas” es todo lo que ofrecen los bancos, que tienen utilidades infames pero siguen abriendo sucursales con diez ventanillas y tres cajeros (porque los servicios financieros son costosos). Supongo que hay otras opciones de inversión pero ningún asesor bancario en horas de almuerzo ha sabido explicarme bien.

Por último, Internet. Más allá del comercio electrónico, publicidad, pagos por clic o juegos de azar, lo mejor que ofrece Internet son dos opciones: Forex (el mercado mundial de divisas) y las opciones binarias. Aparte de Wikipedia, no he podido encontrar una definición imparcial de ambas sin pasar por sitios promocionales o que afirmen que son estafas. Por ejemplo, consideré invertir en opciones binarias hasta encontrar un muy buen artículo que describe lo que pensé desde un principio: que sólo son apuestas con base en los movimientos de la bolsa. Y al parecer Forex es para expertos bursátiles o especuladores en potencia -por más que hablen de odontólogos o amas de casa ganando dinero mientras otros duermen-.

Sé que desde antes de Instagram la gente no lee en Internet, o si lo hace, no lee textos de más de 140 caracteres. O que tener un blog no significa que lo lea alguien. Pero aún así me arriesgo a pedir consejo a la red de redes sobre qué hacer con mi dinero. ¿Alguien me puede recomendar algo? ¿Sin usar palabras como “pirámide”, “multinivel” o “herbalife”? ¿Sin que necesite un Ph. D. en economía y finanzas?  ¿Sin tener que abrir una iglesia cristiana? ¿Sin el riesgo de una condena a 40 años de cárcel? Si alguien sabe algo que yo no sé, en nombre de la inteligencia colectiva de la red se lo agradezco. Porque sobre dinero, francamente tengo todo por aprender. Y esta vez, aprenderlo bien.

ene 27

Cambios de prioridades

Una entrada breve para marcar un punto de inflexión sobre las prioridades, no sólo del blog, sino de la vida de quien lo escribe. Por prioridades me refiero a lo que antes había descrito como intereses: juegos abstractos, azar, reflexiones personales, etc. Pero en las últimas semanas he tenido otras motivaciones para interesarme en otras cosas en detrimento de otras que voy a comentar en lo que viene al final.

El ajedrez, por ejemplo. Durante mucho tiempo, el ajedrez fue uno de los pocos refugios que tuve, pero ahora, y sobre todo con los últimos intereses que me mueven, lo estoy considerando casi una pérdida de tiempo. Siempre se ha dicho que el ajedrez es un boxeo mental, y al igual que el boxeo, es una lucha de egos. Ahora no tengo ego suficiente como para buscar endorfinas a base de ganar, o pensar en dejarlo de una vez por todas a punta de perder. El ajedrez se ha vuelto algo que tal vez nunca comprenda del todo, o que de comprenderlo no valga la pena.

Diría alguien que esas son palabras de mal perdedor; diría que son de muy buen perdedor -sobre todo de esa clase de jugador que extrae brillantísimas derrotas de partidas muy ganadas-. No quiero despotricar en contra del ajedrez (tampoco hace falta esforzarse mucho), y seguirá siendo una opción como ejercicio mental, pasatiempo o lo que sea, pero viendo sobre todo el tiempo que demanda convertirse en maestro, viendo a quienes lo practican, a quienes lo consideran signo de superioridad intelectual, y hasta a quienes viven de él, creo que es -sobre todo a la luz de lo que viene al final– una pérdida de tiempo.

Hablando del resto de juegos abstractos y otros, he estado desarrollando un par de juegos basados en cartas coleccionables, uno de ellos también orientado a ser juego de rol en solitario o algo así, pero por ahora es otro proyecto que va a estar aparcado un buen tiempo. Son juegos muy básicos pero que han demandado mucho tiempo, sobre todo porque estoy desarrollándolos sobre la única plataforma de “programación” que conozco: macros en Excel. Si lo que viene al final sale bien, tal vez publique algunos archivos y hasta solicite testers y todo eso.

Sobre el Baloto y otros juegos de azar, nunca tuve la idea de ganar lectores a base de estos artículos, aunque ya me han reportado visitas, resultados en buscadores y hasta un par de comentarios. El Baloto está muy relacionado con lo que viene al final, y probablemente siga siendo fuente de algunos artículos más, pero aunque tuviera una formación matemática excepcional, no creo que sea posible sacar más partido estadístico de algo que, como todo buen juego de azar, hace lo que le da la gana. Hay un par de campos más para estudiar, pero eso dependerá de cómo salga lo que viene al final.

Bueno, ¿y qué rayos es lo que viene al final? Pues ya que estamos en el final, a eso lo he llamado reeducación financiera. Es la base del replanteamiento personal de toda una vida de educación para la dependencia, y de un futuro lleno de incertidumbre. Aunque mi situación financiera es técnicamente buena, el tiempo no pasa en silencio; y no voy a esperar a estar de nuevo en la cornisa para saber si existe algo mejor que lo que tengo ahora, o para saber qué es realmente el dinero. He encontrado muchas cosas sobre las que quiero escribir en próximos artículos, pero sigo buscando opciones de ahorro e inversión diferentes a las que han producido el hipotecado mundo que conozco.

Aún queda mucho por resolver en la base de la pirámide de Maslow. Aquí es donde un objetivo de escribir un blog personal sea pedir consejo al mundo. Y donde mover fichitas* en una mesa se vuelve una imperdonable pérdida de tiempo.

* Sí, yo soy de los primeros que corrigen a quienes dicen fichas en vez de piezas (de ajedrez). Pero en serio, ¿acaso importa ahora?

Reflexiones sueltas: si fuera por las noticias…

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De verdad que si fuera por las noticias de hoy, le pegaba un tiro a este país.

Comentarista N° 24 en 20minutos.es, ante la noticia de que el director del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona renunciaba ante la falta de apoyo político y financiero, poniendo en duda proyectos de investigación de células madre entre otros. Me hizo gracia. Aunque aquí no estamos para echar cohetes, cuando tampoco pasa un día sin que este país se avergüence de sí mismo. Ojalá no tenga que decir lo mismo algún día.

Reflexiones sueltas: la demagogia del voto local

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@edwinriveram_@rcnmundo apelar al voto popular es demagogia: fueron más los que NO votaron por @petrogustavo. ¿Esos votos no cuentan?

Ganándome en Twitter la antipatía de quienes votaron por el candidato de izquierda (Samuel Moreno), y luego volvieron a votar por el candidato de izquierda (Gustavo Petro), destituído e inhabilitado por el caos de las basuras en Bogotá.

La gente se queja de que Petro está sufriendo un castigo más grave que su nefasto antecesor (que hasta donde sé, además de haber sido igualmente destituido e inhabilitado, está en la cárcel). Curiosamente, la misma gente que eligió a ambos, y que hoy sólo sabe comenzar frases sueltas diciendo “la oligarquía…”. Hablando de votar en vano, Petro fue destituido por un procurador al cual ayudó a elegir, a sabiendas de que, como inquisidor, a su lado Torquemada era un aprendiz a prueba.

¿Votar sirve de algo? Ahora que el caballo de batalla es el voto popular, habría que recordarle al alcalde (a cualquier alcalde) que no sólo es el alcalde de quienes votaron por él, sino de toda la ciudad. Y que tan sólo los tres candidatos más votados de la “derecha” (ya había comentado sobre el esquema izquierda-derecha) sumaron el 54.45% de esos votos que ahora ya no cuentan.

ene 04

Sobre los tests de ideología política

Echando mano de Wikipedia y algún diccionario viejo, encuentro que por política se entiende el arte de gobernar y promulgar leyes con miras a mantener el bien común de una sociedad; una definición que podría confundirse con la de democracia si no se aclara que ésta consiste en que el poder político reside en el pueblo. Aunque la democracia es una de muchas formas de política, abarca también un gran espectro de tendencias ideológicas que para muchos suponen uno de sus mayores defectos: la coexistencia forzada de ideologías que suele terminar en la tiranía de las mayorías.

Antes de que los partidos políticos tradicionales de este país comenzaran su forzada e interesada promiscuidad ideológica, estaba claro que tener principios políticos sólo significaba ser de un partido o del otro. Después se actualizó el panorama político a dos estados y medio: o se era de derecha (conservador), o se estaba a la izquierda de la derecha (liberal), o se era realmente de izquierda (comunista). Porque al fin y al cabo, cuando el poder se turnaba entre derecha y pseudoizquierda, la izquierda salió como el adalid de la reivindicación de la democracia (el presunto gobierno del pueblo alzado en armas, pero eso es otra historia).

Más allá de ambidiestrismos como ultraconservadores nacidos del seno del liberalismo y otras hierbas, la política unidimensional colombiana ha sido fácil de entender para el grueso del demos colombiano. Tanto el pueblo como los partidos políticos han adoptado la cómoda costumbre de decirse de izquierdas o derechas en lo que ha resultado en una forma muy pobre de entender la democracia. No basta con creer que todas las visiones de izquierda o de derecha son iguales, y no lo son porque al parecer se mueven además en otro eje de valores, que va del anarquismo al autoritarismo.

En esta era de la inmediatez, no hace falta adoptar banderas ni asistir a mitines ideológicos para saber cuál es su orientación ideológica; tan sólo basta con responder un test. Existen varios pero al parecer están basados en el test de la Brújula Política ®, en el cual la izquierda y la derecha representan sólo el eje económico, mientras que el eje social (autoritarismo-anarquismo) lo intersecta. Mediante una serie de preguntas a lo largo de seis páginas, con respuestas entre “totalmente de acuerdo” a “totalmente en desacuerdo”, este test ubica en un plano cartesiano al individuo según sus preferencias sociopolíticas.

El test de La Brújula Política ®

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Mi orientación ideológica, según el test de la Brújula Política.

Siempre había dicho que yo era de “centro-derecha” cuando se me preguntaba sobre mi filiación política. Ahora, después de realizar el test de la Brújula Política, resulta que más que de centro-derecha soy de centro-anarquismo (que la autoridad se haga respetar, pero sin pasarse), mientras que en cuanto al orden económico termino siendo de centro-izquierda (no a los monopolios pero tampoco al estado benefactor).

Las respuestas del test pueden variar entre estar de acuerdo o en desacuerdo; aunque no sé qué tan inducidas pueden estar preguntas como “”De cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad” es una buena idea fundamental” (¿detector de socialismo?), o “El arte abstracto que no representa nada no debe ser considerado como arte” (imposible no pensar en arte degenerado). De todas formas las preguntas son claras y directas, y no parecen admitir contradicciones o medias tintas.

El test de testpolitico.com

Basado en el gráfico de David Nolan, el test del sitio testpolitico.com se basa en 20 preguntas de elección múltiple entre tres opciones posibles. Más complejo que el plano cartesiano anterior, se basa más en la libertad individual y social (y el libertarianismo) que en el esquema izquierda-derecha.

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Mi orientación política según el test de Nolan. Sin ser español, ahora resulta que soy del PSOE.

El test no sólo me vuelve a ubicar al centro-izquierda, sino que al ser una página española, asume que si fuera español, sería del PSOE (socialista). Confieso que a veces reviso la prensa española sólo para creer que aquí no se está tan mal después de todo. Porque como el Partido Popular español lleva las cosas, me pregunto por qué en España no han tenido una revolución.

El test de Univisión

De entrada, Univisión suena a Miami, a Telemundo, a sueño americano, a mexicanos de raza blanca y a Don Francisco y Cristina. El test de Univisión (o Quiz de ideología, como lo llaman), podría llamarse incluso “¿Eres demócrata o republicano?”, pero en realidad es una versión resumida del test de la Brújula Política, con respuestas entre “Muy de acuerdo” a “En total desacuerdo”, y preguntas como “Los crímenes consensuales (drogas, prostitución, etc.) deben ser legalizados” y otras tomadas directamente del otro test.

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Mis resultados en el “quiz” ideológico de Univisión. ¿El líder más cercano a mi ideología? John Kerry (creo).

Funciona con Flash, y parece más un juego de Facebook. Invita a discutir los resultados en su foro (aunque no tengo ganas de abrirme una cuenta en Univisión), y permite identificar cuál líder político de entre ocho posibles es el más cercano a mi orientación ideológica (igual que el test de la Brújula Política, pero en pobre). Resulta que estoy a mitad de camino entre “Kerry” y “El papa” (sic). Pero más cerca de Kerry. Si antes era del PSOE, ahora también soy demócrata. En fin…

Conclusiones

Para terminar, el último test que encontré está en una página boliviana, se basa en el test de David Nolan, limitado a diez preguntas, y su veredicto fue: “Microsoft VBScript runtime error ‘800a0046′” (sí, el sitio está roto).

Por los resultados, ¿significa que mi tendencia política sea el comunismo? La respuesta es clara: ¡NO! ¿Significa entonces que el socialismo-comunismo-izquierda tiene el monopolio de lo que es bueno, de lo noble y lo que es mejor para la sociedad? Respuesta: ¡NO! ¿Entonces?

Los dos tipos de tests aseguran que no basta con decir que se es de “izquierda” o “derecha” sino que hay muchos matices en otros ejes que abarcan las libertades políticas y económicas, así como los derechos individuales. Pero en el fondo, después de las tendencias marcadas por fenómenos como la primavera árabe, los indignados, las protestas en Latinoamérica, Wikileaks, el escándalo de la NSA y movimientos similares, y por más que esté de moda ser ateo, progre, radical, etc., la moneda sigue teniendo dos caras: o se es de izquierda o se es de derecha. Se es neoliberal o se es progresista. Se es de los que defienden la justicia social, o de los que defienden el progreso económico  (porque en teoría son incompatibles). Y sobre todo, se está con las mayorías que tienen la razón, o con las minorías que tienen el poder. Si ahora se está gestando una revolución social a gran escala, tampoco parece que haya lugar a medias tintas.

Reflexiones sueltas: juegos de guerra

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Por muy real que parezca un videojuego de guerra, hace falta más que eso para convencer a la juventud de que la guerra es un videojuego.

Reflexiones sueltas que no darían para una entrada completa en el blog pero tampoco en Twitter.  De ocurrencias o cosas que se encuentra uno por ahí pero que tampoco son frases célebres (o “citas citables”, que por cierto es marca registrada del Reader’s Digest).

Ésta se me ocurrió luego de ver, a partir del minuto 15, un documental sobre videojuegos. Muy antiguo, sí, pero sigue vigente la idea de que en las guerras están en juego cosas más importantes que los logros del Call of Duty.

dic 07

Los colombianos no quieren la paz

De entrada, contexto. No es posible ignorar a las víctimas de la violencia en Colombia (social, partidista, subversiva o terrorista), diciendo sin más que los colombianos no quieren la paz. Entonces, ¿cuál es la razón de afirmar semejante cosa? En realidad es tan simple como preguntar si los colombianos quieren algo cuando han demostrado que no saben lo que es, ni lo que implica hacer para obtenerlo.

El gobierno de Colombia ha iniciado un proceso de paz con las Farc, y según algún método estadístico aleatorio extrapolado de muestreo en el que no me incluyeron, el 68% de todos los colombianos apoyan este proceso. Puesto que las Farc son un grupo que practica el terrorismo y la violación del derecho internacional humanitario mediante la guerra de guerrillas contra el Estado (y que por ello se proclama grupo guerrillero), cabe preguntarse si un diálogo de sordos en el que las Farc afirman que no van a deponer las armas ni a pagar un día de cárcel por sus innegables delitos de lesa humanidad, y en el que el gobierno de un presidente que aspira a la reelección haga toda clase de concesiones, puede llamarse un proceso de paz. O qué concepto de paz tienen las Farc, el gobierno, y tanto el 68% de quienes apoyan este proceso como sus detractores.

Un colombiano promedio, de aquellos que aprendieron geografía colombiana a base de noticias sobre tomas guerrilleras en los últimos veinte años, diría que la paz es simplemente que no haya guerra. Algún idealista, incluyendo a los implicados en ambos bandos del llamado conflicto armado colombiano, dirá que la paz no es sólo ausencia de guerra, sino presencia de justicia. Sea como sea, cuando se habla de paz en Colombia parece que sólo se piensa en el fin del terrorismo y la violencia armada entre el Estado y la subversión.

En un sentido más amplio, la guerra no es el único antónimo de la paz, sino todo aquello que signifique violencia. Lo que pasa es que en Colombia la violencia se ha entendido como la violación de nuestro derecho a ejercer la violencia contra los demás, ya sea la que la “oligarquía” ejerce contra el pueblo, la que los “ejércitos del pueblo” ejercen contra el pueblo, o la que el pueblo ejerce contra el pueblo. Ya sea por imponer unos ideales políticos o el derecho a oír música a 180 decibelios. E infortunadamente, el extendido arraigo por la violencia es lo que hace que los colombianos no quieran la paz. He aquí otras razones:

Los colombianos no conocen la paz: Desde los tiempos en que los conservadores decían que matar liberales no era pecado, ninguna generación en Colombia ha visto este país en paz; por lo tanto no la conocen. El símbolo de la paloma blanca ha sido la única manera de representar algo que nadie puede definir con certeza. Y eso incluye a muchos de los mal llamados “líderes de opinión” de este país.

Por ejemplo, cuando Juanes era famoso, propuso que la paz fuera considerada un derecho humano. Ignorando, por supuesto, que la paz es el resultado del cumplimiento de los derechos humanos, no sólo un concepto para hacer demagogia. O marketing.

Los colombianos no practican la paz: Probablemente la mejor definición de paz que se haya dado sea también la más conocida: el respeto al derecho ajeno es la paz. Y entonces, ¿por qué a nadie le interesa? Por la tradición cultural de no ver más allá de mis derechos, ignorando que terminan donde comienzan los derechos de los demás. Y porque en lugar de una cultura basada en derechos como contrapeso a las responsabilidades y deberes que implica tenerlos, existe la cultura del atajo.

Se ha escrito muchísimo sobre la falta de civismo o de respeto por las normas o por la autoridad (que cuando no peca de represora lo hace de laxa), como ejemplos de la cultura de la viveza, de esa malicia indígena que, a menos que se encuentre en el genoma humano latinoamericano, no es más que un pretexto. Si para conseguir algo existen alternativas al respeto al derecho ajeno, ¿para qué practicarlo?

A los colombianos no les gusta la paz: ¿Por qué hay quienes pagan televisión por cable o satélite para seguir viendo Pandillas, guerra y paz? Si los colombianos pudieran ser más violentos, agresivos e irrespetuosos del derecho ajeno, lo serían. Si no es así es porque eso demanda algo de esfuerzo intelectual. Es sólo una prueba de que la cabra siempre tira al monte, y no por falta de opciones.

Cuando la cultura del atajo no funciona, y si el fin justifica los medios, la primera opción para imponer mis derechos es recurrir a la violencia. La prueba de que nadie en Colombia comprende cómo funciona la sociedad en la que vive es que, cuando alguien quiere hacerse oír, termina recurriendo a la violencia cuando no le funcionan las cosas simbólicas; e igualmente ni lo uno ni lo otro afectan al status quo.

Para decir algo se puede optar por decirlo decentemente, o como en la sección de comentarios de cualquier medio digital nacional, sobre todo si el tema es controvertido (a los medios de comunicación les gusta presumir de ser seguidos en las redes sociales, pero creen que no es importante lo que la gente demuestra en sus páginas de comentarios).

Si empelotarse para protestar por algo es tan simbólico como inútil (por muy de moda que esté), siempre queda el otro extremo de la papa-bomba o agarrar fusil en mano camino al monte. Si recurrir a la policía u otra autoridad simbólica es igual o menos efectivo que hacer justicia por cuenta propia, la opción que haga más ruido será la elegida. Y cosas simbólicas como el perdón y la reconciliación pueden ayudar a crear la ilusión de paz, pero técnicamente equivalen a la indulgencia y el olvido. A la tolerancia.

Justamente los simbolistas han decidido llamar enemigos de la paz a quienes reclaman el deber constitucional del Estado de hacer valer su monopolio de las armas en defensa de la paz, en lugar de buscar un estado abstracto e ilusorio de paz al muy concreto, tangible y elevado precio de la impunidad. O se llama perdón a que los empresarios reincorporen a la sociedad a guerrilleros que seguramente los habrán extorsionado antes. Dicen que “no hay camino para la paz, la paz es el camino”. Camino ¿a donde? No importa el objetivo final, si puede alcanzarse por una vía u otra. Si la autoridad no funciona, ¿se necesita?.  Si la paz no sirve para cambiar el status quo, ¿se necesita?

Corolario: el informe PISA demuestra una vez más que la educación en Colombia no sólo no mejora, sino que puede ir incluso peor. Al igual que la paz, se ha vuelto muy cuestionable el objetivo de la educación en Colombia. En lugar de la trillada educación para la dependencia y la pobreza, una educación concebida para sacar lo mejor de los ciudadanos podría ser el comienzo de una verdadera educación para la paz.

nov 02

Revisando métodos para la Lotto

Dicen que un sistemista es a un matemático lo que un astrólogo es a un astrónomo. También se dice que si no hay matemáticos millonarios, es porque no existe una manera matemática de vencer al azar. Y sin embargo, basta que aparezca un solo sistemista exitoso para despertar la imaginación de todo el que quiera crear un método para ganar en un juego de azar. O para hacer fortuna con el método en sí mismo.

Por ejemplo, en el caso de las loterías tipo lotto (y del Baloto en particular), cualquiera con fundamentos básicos de matemáticas puede plantear campos de estudio como los que ya se han hecho. Existe un principio llamado ley de Pareto, que se podría resumir en que el 80% de algo se debe al 20% restante. Aplicando esto al Baloto, el 80% de las combinaciones ganadoras han cumplido con requisitos que descartan al otro 20%. Es entonces cuando la mayoría de sistemistas de la lotto emplean este criterio con el fin de apostarle a ese 80% que tiene más probabilidad. Por ejemplo, en el caso de una lotto 6/45, la suma de los números de cada una de las 8.145.060 combinaciones posibles está entre 21 y 255, pero el 80% de las sumas está entre 100 y 176:

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Distribución de las sumas de las combinaciones posibles en una lotto 6/45. El área sombreada corresponde al 80% de las sumas (entre 100 y 176).

Así pues, ya se tiene una pista para crear un método: si quiere tener un 80% de probabilidades de ganar, apueste a una combinación cuyos números sumen entre 100 y 176. Aplicando esta ley del 80% se pueden sacar más “consejos”: por ejemplo, que el primer número de su combinación esté entre 1 y 10, que el segundo esté entre 3 y 19, etc. O que haya entre 2 y 4 números pares. A algunos incluso se les va la mano: hay autores que sugieren tener en cuenta el rango (la diferencia entre el último número de una combinación y el primero), los números primos, los números de Fibonacci, los múltiplos de otros números, los consecutivos, las decenas, los repetidos, los terminados en x ó y, etc., como si fuera probable que una combinación pudiera cumplir tantos requisitos a la vez. Y es aquí donde hay que evitar tragar entero: los métodos para ganar a la lotería producen más dinero vendiéndose como libros que venciendo a la lotería en sí.

Antes había publicado una entrada sobre software para la lotto y la idea era revisar otros programas y métodos, hasta que encontré el blog de The Lottery Guy, dedicado a analizar cuáles valen la pena y cuáles no. Y justamente en estos últimos está el Magayo y otro programa que iba a ser mi siguiente artículo: Lotto Sorcerer, así como algunos otros libros que ya he obtenido; algunos comprados y otros vía torrent. Por ejemplo, el llamado Honest Lotto de Ken Silver, consiste en crear tres listas de 40 combinaciones cada una, generar una combinación inicial para cada lista llamada perfil, y luego completar las 39 restantes sumando 1 a cada número de la combinación anterior (si en nuestro caso se pasa de 45, se empieza por 1 otra vez). Los tres perfiles iniciales se generan de la siguiente manera:

Perfil 1

  • Nº 1: impar entre 1 y 8
  • Nº 2: par entre 8 y 17
  • Nº 3: impar entre Nº 2 y 26
  • Nº 4: par entre Nº 3 y Nº 3 + 3
  • Nº 5: impar entre Nº 4 y 40
  • Nº 6: par entre Nº 5 y 45

Perfil 2

  • Nº 1: cualquiera entre 9 y 17 (sin repetir del perfil 1)
  • Nº 2: cualquiera entre Nº 1 y 26
  • Nº 3: cualquiera entre Nº 2 y 34
  • Nº 4: cualquiera entre Nº 3 y 36
  • Nº 5: cualquiera entre Nº 4 y 43
  • Nº 6: impar entre Nº 5 y 45

Perfil 3

  • Nº 1: par entre 1 y 8 (sin repetir de los perfiles 1 y 2)
  • Nº 2: impar entre Nº 1 y 26
  • Nº 3: impar entre Nº 2 y 36
  • Nº 4: par entre Nº 3 y Nº 3 + 3
  • Nº 5: par entre Nº 4 y 42
  • Nº 6: impar entre Nº 5 y 45

Haciendo un ejercicio de crear las 120 combinaciones sugeridas por este método, y comparándolas con los resultados del sorteo 1308 del Baloto (20-24-26-27-40-41) y Revancha (3-15-22-32-33-38), tenemos apenas 5 aciertos de 3 números para cada resultado:

131102_Proflies

Así pues, coincidiendo con The Lottery Guy, este método no sirve. Si funcionara, sería por la misma naturaleza del juego, es decir, por puro azar. Posiblemente esté mal enfocado o se pueda plantear con los criterios históricos del Baloto, pero no parece suficiente. Queda este artículo para quien pueda encontrar puntos interesantes, pero siguiendo lo planteado por The Lottery Guy, tal vez dedique un par de artículos más a descartar los métodos que considera malos antes de comprobar si los métodos buenos funcionan.

oct 06

Mundo de tercera, país de quinta (II)

Es fácil entender por qué resulta difícil mantener un blog en estos días, pero no por qué vale la pena. Al fin y al cabo, las redes sociales se han inventado formas diferentes, más prácticas y rápidas de compartir información (que esa información sea útil es otra cosa). Además los blogs implican una forma de procesar la información que está condenada a desaparecer: a diferencia de las imágenes y los videos, hay que leer un blog. Habrase visto cosa más anticuada. De todas formas, para mantener mi blog y continuar con el ejercicio de contar mis reflexiones personales sobre el mundo que me rodea, aquí va una segunda entrega.

Colados en Transmilenio (II). Imperdible el artículo de Andrés G. Borges en su blog de El Tiempo, titulado “La hipocresía de colarse en Transmilenio“. Una reflexión interesante acerca de la forma de pensar de quienes se cuelan en Transmilenio, el sistema de transporte masivo de Bogotá que alguna vez fue concebido como ejemplo de eficiencia, civismo y la extinta cultura ciudadana. Aunque la opinión mayoritaria en los comentarios es de rechazo a la práctica de colarse en Transmilenio (como ejemplo de la mentada cultura de la viveza colombiana), no deja de ser interesante el punto de vista de quienes defienden esta actitud, con típicos ataques ad hominem al “niño rico” que escribió el artículo, o la típica evasiva escapista (“¿por qué no escribe contra aquello o esto otro?”, aunque nada tenga que ver con el meollo del asunto, la falta de civismo de los bogotanos). Incluso, como si el respeto por las normas fuera cuestión de ideologías, se ha cuestionado el hecho de que la cultura ciudadana promovida por alcaldes como Antanas Mockus o Enrique Peñalosa se ha dejado perder en manos de las últimas tres alcaldías de izquierda.

Andenes enchapados. Si hay algo que reconocerle a Enrique Peñalosa como alcalde, fue haberle enseñado al distrito cómo se hace un andén (aunque luego abusara con los bolardos). Era impensable que en la ciudad, durante casi todo el siglo XX, nadie entendiera cosas tan elementales como el diseño correcto de una rampa de minusválidos, o que las baldosas con puntos en relieve son guías para los invidentes. Pero eso es algo que sólo se ve en las obras del distrito. Por eso llama la atención que ningún parroquiano entienda el concepto de “material antideslizante” a la hora de hacer el andén de su casa. Y a la hora de lo que a los demás les parece “bonito”, se ven exabruptos como andenes enchapados con baldosas de gres o el mismo porcelanato que usarían para enchapar un baño o una cocina.

Hasta aquí el asunto no pasa de ser una muestra del poco criterio y buen gusto del ciudadano por debajo de la media  (lo que sea que se entienda por eso), si no fuera por un problema de desprecio por el sentido común, que por el hecho de verse sólo en los barrios pequeños no deja de ser absurdo (aunque recuerde por ejemplo a Unicentro, que por casi cuarenta años mantiene los andenes enchapados en gres). Cuando en Bogotá llueve, estos andenes enchapados se convierten en resbaladizas trampas mortales para los peatones. Más de una vez alguna señora en tacones se habrá acordado de la madre del “arquitepto” que tuvo la brillante idea de enchapar el andén de su casa con porcelanato blanco de 40×40, alguna tarde cuando recién escampaba. Yo no soy de desearle el mal a nadie, pero si cada “genio” de estos tuviera que resbalarse y quebrarse la cabeza en un salto mortal hacia atrás para que aprenda el concepto de “material antideslizante”, no soy quién para oponerme.

Curadurías: los tinterillos de la planeación urbana. A comienzos de los años noventa se decía que el Estado debía tender a la descentralización mediante vías como la descongestión por delegación a particulares. En el caso de la ciudad, la adjudicación de licencias de construcción ha sido delegada por Planeación Distrital a los llamados curadores urbanos, una especie de notarios que habrán descongestionado las oficinas de Planeación, pero que sólo han cambiado una burocracia por otra. Es cierto que todo trámite en este país es tedioso, pero los curadores urbanos de Bogotá han impuesto su propio e irracional criterio.

Para empezar, la ciudad tienen cinco curadurías urbanas, y cuatro están en la zona de la calle 100 con autopista Norte (porque los curadores, que son arquitectos, deben vivir en el norte, supongo). Si resulta difícil entender por qué la gente construye como y cuando le da la gana, o por qué las normas son para saltárselas, basta con decir que si alguien quiere consultar las normas urbanas en una curaduría deberá hacer fila a primera hora (7:30 de la mañana, por lo general) para tener uno de los 25 turnos de atención (a veces menos, pero ni uno más). Y sólo de lunes a jueves. Es decir que es más fácil sacar una cita en el Sisbén que en una curaduría. Y todo para obtener una licencia que no es garantía de que la obra se construya respetando las normas urbanas, o tenga un uso autorizado o acorde con la zona, como los cientos de moteles aprobados en barrios residenciales con su licencia y su valla amarilla en regla. Y que los curadores sean particulares tampoco es garantía de que no sean corruptos. En serio, ¿cómo se gana el sueldo esta gente?

sep 05

¿Spam en nombre de Hotmail?

Mas o menos hacia 2001 abrí mi primera cuenta de correo electrónico en Hotmail, que por entonces ya era parte de Microsoft, y era el servicio de e-mail más conocido. Aunque luego surgieron servicios de correo electrónico por todas partes, había convertido esa cuenta en mi buzón principal de correo, y la había mantenido hasta ahora casi sólo por nostalgia. Hasta ahora.

Al ser uno de los servicios más populares de comienzos de siglo, Hotmail fue casi sinónimo de spam desde la masificación de Internet. Hotmail cumple con su función de enviar y recibir correo electrónico, pero también ha tenido detrás un mar de dudas sobre su seguridad. Desde la absurda limitación de las contraseñas a 16 caracteres hasta el envío masivo de spam a través de cuentas de sus usuarios. Y es justamente esto lo que me ha obligado a cerrar definitivamente la cuenta de Hotmail en favor de otras opciones, menos conocidas, mejores en características, y sobre todo, con mejor seguridad.

Recibir spam es muy molesto, pero es casi inevitable para usuarios de Hotmail. Pero aún más molesto es recibir spam enviado supuestamente con mi nombre y cuenta. Lo usual es que eso ocurra a quienes les roban las contraseñas mediante virus, keyloggers o troyanos. Cuando eso pasa lo normal es cambiar la contraseña o proceder con la recuperación de la cuenta. Otra cosa ocurre cuando se envía spam desde una cuenta pero ante el usuario que lo recibe el remitente se identifica con mi nombre y dirección. En teoría el usuario no pierde el control de su cuenta y el spam  no aparece en la carpeta de mensajes enviados; pero parece algo exclusivo de Hotmail permitir a tal punto la suplantación de identidad de sus usuarios de semejante forma.

spam_hotmail

 

De entrada, mi nick corresponde a un acrónimo de mi nombre (que por ahora me reservo), aunque según veo parece un nombre o apellido común en Brasil o algo así. Por eso es muy común que el spam que me llegue sea phishing de bancos brasileños o cualquier otra cosa en portugués. La primera técnica de un spammer es usar un dominio común y enviar spam a usuarios con nombres comunes: como el mío lo era allí, fue sólo cuestión de tiempo. Como se ve en la imagen, Microsoft admite que la suplantación de identidad de un remitente es posible con Hotmail, al decir que un usuario me envía spam… en nombre de mi propia cuenta de Hotmail. Desconozco si esto pasa con otros servicios, pero creería que si Google, por ejemplo, tiene el mejor motor de indexación web, también sabrá como manejar el asunto del spam en Gmail. Aunque el spam lo traiga incorporado.

Hasta ahora, no tengo noticias de que mis contactos hayan recibido spam en mi nombre. Tampoco que haya perdido el control de esa cuenta (para evitar que sea cosa de virus, había cambiado la contraseña dos veces bajo Linux Mint y Debian). Pero lo cierto es que me aburrí de réplicas de relojes y todo lo demás, pero sobre todo por la poca seguridad que ofrece Hotmail en todo este asunto. Por más que se les reportan los correos como de “suplantación de identidad”, no les parece sospechoso que supuestamente me envíe correos a mi cuenta que van directamente a la bandeja de spam. Desconozco lo que pasa, pero me aburrí de Hotmail, así como en su momento me harté de Internet Explorer (es curioso que la mayoría de usuarios de versiones desatendidas de Windows usen Internet Explorer “sin complementos”, como los de los antivirus que detectan automáticamente los sitios de phishing, o que sean incompatibles con ese “navegador”). Lo peor es que tras el cierre de Hotmail para usuarios nuevos y la llegada de Outlook, ahora Microsoft no tiene un servicio de correo con una seguridad tan pobre, sino dos.