ago 26

El análisis técnico bursátil, ¿una pseudociencia?

Si puedes predecir el clima, también el precio del petroleo.

Mark Zuckerberg, “The social network”

Según Wikipedia, una pseudociencia es “aquella afirmación, creencia o práctica que, no obstante a presentarse como científica, no cumple con un método científico válido, carece de respaldo de evidencias científicas o plausibilidad, no puede ser comprobada de forma fiable o carece de estatus científico”. Curiosamente, en la lista que incluye a viejos conocidos como la astrología, la homeopatía o el psicoanálisis, se encuentra nada menos que el análisis técnico bursátil.

Hay dos razones por las cuales se considera al análisis técnico como una pseudociencia. La primera, porque se basa en la interpretación y no en la lógica o la experimentación científica, según la cual las mismas condiciones iniciales deben producir los mismos resultados. La segunda, por su presunta utilidad para predecir el futuro de los precios (en términos de tendencia al alza o a la baja). Es lo que diferencia al análisis técnico de la estadística, por ejemplo. Ambas ramas se limitan a recoger datos de lo que ocurrió en el pasado, pero mientras que la estadística busca correlaciones con otros elementos como parte de la investigación científica, el objetivo de los analistas técnicos es determinar la futura tendencia del precio de un activo financiero a partir del comportamiento pasado de su precio, con base en el principal postulado del economista Charles Dow: el precio lo descuenta todo, es decir, todo lo que hay que saber sobre un activo financiero se refleja en el comportamiento de su precio.

El análisis técnico estudia los gráficos de precios de dos formas: con indicadores técnicos matemáticos, o a partir de las formas geométricas de los gráficos, lo que se conoce también como chartismo (o “chartomancia”, término que acuñé al leer por primera vez acerca de patrones como “triángulos”, “hombro-cabeza-hombro” y otros, que se pueden ver incluso en gráficos de valores aleatorios).

Si bien estudiando hacia atrás dichos gráficos es posible observar pautas que a priori pudieron ser útiles a la hora de tomar decisiones de compra o venta (como cambios de tendencia), mirando hacia adelante los analistas técnicos parecen sufrir también de la falacia del jugador: la creencia en que los sucesos del pasado afectan al azar en el futuro.

Es muy recomendable el ensayo La rebelión del mono: gurúes financieros y pseudociencia económica, de Pablo Mira, acerca de la interpretación chartista, la aleatoriedad de los mercados, y la falta de escrúpulos de vendedores de métodos, más eficaces para producir dinero vendiéndose como libros, que aplicados al mercado en sí.

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Gráfico de precios del par euro-franco suizo, con indicadores técnicos.

 Dicen que es mejor ser escéptico que dogmático, en este caso, estudiar más cautelosamente todo lo relacionado con el análisis financiero antes de llamar categóricamente un casino al mercado de valores. Aunque sea imposible encontrar la “piedra filosofal” del mercado financiero, seguramente muchos analistas se habrán aproximado bastante. El problema (después de ver “El lobo de Wall Street”), es encontrarlos sin caer en manos de Stratton Oakmont: asesores desinteresadísimos que se desvelan por nuestra libertad financiera mientras nos hacen pistola por teléfono.

Tal vez no sea cierto que el análisis técnico sea “astrología financiera”, por su vaguedad e imprecisión (los servicios de señales, se supone, dan órdenes concretas de compra y venta). Tal vez el mercado financiero no sea un casino, y tal vez el análisis bursátil, si bien no es una ciencia exacta, tampoco sea una pseudociencia. Pero si algo fuera tan dependiente de elementos tan impredecibles y poco científicos como la psicología (el “nerviosismo del mercado”, los “índices de confianza”, etc.), las noticias o la especulación, tendría tantos factores de impredecibilidad que costaría distinguirlo de un juego de azar.

jul 06

Crear GIF animado a partir de varias (muchas) imágenes

Bajo la línea de “si quieres aprender algo, enséñalo”, me pareció importante compartir esta forma de crear imagenes .gif animadas a partir de varias imágenes estáticas, usando el conocido Photoshop. Pero no sólo a partir de pocas imágenes, creando una capa por imagen, como se ve en algunos tutoriales básicos, sino de muchísimas imágenes, como pueden ser las extraídas de un clip de video (para ello uso reproductores como KMPlayer).

De entrada aclaro que uso una versión bastante antigua: la CS4. La opción más común para crear un archivo .gif desde un video en Photoshop es importando los cuadros como capas (Archivo/Importar/Cuadros de video a capas), pero si no se tiene instalado QuickTime, aparece un error. Suponiendo que se quiera crear un .gif con otras imágenes, se puede proceder así:

Una vez que todas las imágenes estén en una misma carpeta, abrimos la primera imagen de la secuencia (Archivo/Abrir), activando la opción Secuencia de imágenes:

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Aparecerá otra opción para la velocidad de la animación (si se extraen imágenes de un video, lo ideal es usar su misma velocidad):

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Tenemos ahora una línea de tiempo que genera automáticamente la animación que reproduce todas las imágenes de la carpeta. A partir de aquí es posible crear capas adicionales de texto u otras formas, cuya duración se puede coordinar en las barras de tiempo:

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Una vez terminada la edición, para crear el .gif se guarda con la opción Archivo/Guardar para Web y dispositivos, verificando que a la derecha (debajo de Ajuste preestablecido) esté seleccionado el formato GIF, y activar abajo a la derecha la opción Opciones de repetición: Infinito:

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Si se hace un .gif a partir de imágenes extraídas de un video, la calidad suele ser proporcional al tamaño de archivo. A la espera de que el soporte de Twitter sea el inicio de la nueva edad de oro del  formato .gif,  he aquí el resultado final:

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jul 04

Brasil 2014: lecciones al final del camino

Hoy terminó para Colombia su participación en la Copa Mundial de fútbol de la FIFA, disputada en Brasil, consiguiendo el mejor resultado de su historia: llegar a cuartos de final. Y no es que mejorar el puesto 14 obtenido en Italia ’90 fuera imposible, pero a veces es fácil perder la noción de las distancias cuando en un sólo torneo se ganan más partidos que en todas las participaciones anteriores juntas. Algo similar sucedió con la participación de Colombia en los juegos olímpicos de Londres 2012, cuando ganó ocho medallas, casi tantas como las diez obtenidas desde 1932. Da vértigo evaluar tantos buenos resultados cuando, sencillamente, no se está acostumbrado.

El fútbol ha de ser muy raro para que tenga entre los intelectuales tantos detractores como defensores. Para unos es parte del circo mediocre del entretenimiento de masas, para otros el reflejo de la idiosincrasia de los pueblos, y para algunos un vestigio de nuestros instintos de cazadores-recolectores. Me pregunto si un historiador o arqueólogo del futuro que contemple las ruinas de Maracaná o Wembley (si llega a haberlas) diría lo mismo sobre nuestra sociedad que nuestros historiadores actuales sobre Roma, estudiando el Coliseo.

Volviendo al tema, Colombia (la selección y el país al que representa) demostró por qué hay que darse por bien servido al llegar a una etapa que otros países consideran un fracaso. Colombia (la selección de fútbol) hizo bastante en este torneo, pero volvió a ser para Brasil el equipo que fue para Argentina en las eliminatorias, el punto de inflexión de un combinado en el que ni Messi daba pie con bola. Colombia (el país), demostró que una sociedad que recorta abruptamente su jornada laboral por un partido de fútbol, tiene que agradecer (y mucho) haber perdido un juego y no una guerra. Y reflexionar por qué una victoria podría costar incluso más muertos que una derrota.

Dicen que el fútbol, como todo el deporte, es la sublimación de los instintos competitivos, arraigados en la especie desde los tiempos en que sólo valía la selección natural. Aunque volviendo al abominable concepto de nuestra idiosincrasia, el espíritu competitivo del colombiano promedio se manifiesta sólo en saber cuándo subirse al bus de la victoria. “Ganamos”, “somos unos berracos”, “si hubieramos ganado nos habría tocado Alemania” y otras muestras gratis de “mentalidad”, se siguen oyendo a la hora de escribir este artículo (es curioso oír aún grupos cantando el himno nacional a todo pulmón y haciendo sonar cornetas sólo por la inercia de una semana entera de expectativa).

Si parte de la naturaleza humana es competir, ¿por qué no competir en cosas que de verdad valgan la pena? ¿Por qué tiene que parecer totalitarista decir que un país que produce buenos deportistas como consecuencia de una sociedad que produce buenos ciudadanos? Si nos gusta tanto el deporte, ¿por qué no convertir en deporte el enfrentar los retos que nos impone vivir en sociedad? ¿Qué pasaría si convirtiéramos los índices de menor corrupción pobreza o desempleo en trofeos más valiosos que las medallas olímpicas o las Copas del Mundo? (He aquí un ejemplo curioso: el Mundial de Todo Lo Demás: los 32 países participantes en el mundial de Brasil 2014, compitiendo en aspectos tan variopintos como desempleo, esperanza de vida o premios Nobel per cápita).

P.D.: Este mundial de fútbol marcó un máximo de audiencia en Estados Unidos, y no sólo entre los hispanos, en un país que siempre asoció este deporte a los beaners y los comunistas. Tan curioso como que en los bastiones del actual comunismo bolivariano (Venezuela y Cuba), el deporte más popular siga siendo el mismo deporte nacional del “imperio”: el béisbol.

jun 22

La decadencia de El Espectador

Para la generación que vivió los dolorosos años 80 en este país, El Espectador era uno de los pocos ejemplos de dignidad y profesionalismo del periodismo, aún pagando un precio muy alto para sobrevivir frente a la violencia política, económica y social que prevaleció durante el siglo XX, hasta llegar a convertirse en uno de los abanderados mundiales de la libertad de prensa. Hoy, vendido al grupo Santo Domingo y convertido en pasquín del canal privado Caracol, difícilmente hoy puede alguien creer que fuera considerado uno de los mejores diarios del mundo.

Muchos periodistas de la vieja guardia dicen que Internet es la muerte del periodismo, porque permite -y obliga a- tener acceso inmediato a la información, de manera gratuita y antes de que se impriman las noticias en formato árbol muerto. Su valor agregado, dicen, es presentar esa información con un contexto y análisis adecuado para que el público pueda formarse una buena opinión. Es por eso que aún defienden el modelo de vender periódicos de papel hoy, con las noticias de ayer, como si fueran el medio del mañana. Y cuando llegan a Internet, es para demostrar que sigue siendo para ellos un medio desconocido, incómodo y peligroso.

La prueba de que El Espectador terminó convertido en un pasquín del grupo Prisa, dueño de Caracol, está en que éste lo considera una extensión de la publicidad de sus telenovelas o realities, pero también, de una visión superficial de Internet y las “nuevas tecnologías”. El noticiero de Caracol implementa mecanismos de “opinión” que no difieren mucho de las encuestas telefónicas de otros países hace 20 años, y a veces hacen partícipe a El Espectador de su mediocre visión de la importancia de las noticias:

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Preguntas estúpidas de Caracol, avaladas por El Espectador

Dentro de poco se cumplirán cuatro años del rescate de los 33 mineros chilenos que inspiraron a creer a los periodistas de Caracol, que un operativo que requirió 70 días de esfuerzos y 40 millones de dólares fue un “milagro”. La “urna virtual” es a lo que ha reducido el periodismo digital de Prisa la opinión de sus lectores o espectadores: hacer clic en una opción y convertir esas cifras en noticia. Todas, absolutamente todas las “encuestas digitales” de este tipo de medios son así. Quieren convertir el periodismo en una red social, abren secciones de comentarios que luego ignoran (y que deberían ser punibles), y quieren hacer noticia de lo que dice la gente en redes sociales o de encuestas virtuales.

Si Internet es la gran red mundial de información, también se vuelve fuente de problemas para quienes buscan comodidad sacrificando el criterio. Por ejemplo, cuando El Mundo Today -un blog español dedicado a hacer noticias satíricas- publicó el artículo “El Vaticano lanza una versión del Kamasutra con una sola postura“, resultó replicado por El Espectador, seguramente llevado a ustedes por la falta de criterio de algún pasante (becario) a quien el nombre del blog español le sonó a agencia de prensa seria. Muchos otros medios han caído en despistes similares, pero uno no espera eso de un diario a la altura de los elegidos para publicar los cables revelados por Wikileaks.

¿Y por qué hablar de la decadencia de El Espectador publicando gazapos de hace años? Porque siguen vigentes. Como el razonamiento lógico de quien publica obviedades y espera que sean noticia sólo porque están en un diario. Creería uno que quien redacta una noticia en un medio digital debería terminar por lo menos el bachillerato. Esta joya, por ejemplo, es de hoy:

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Internet será la muerte del periodismo, cuando el periodismo investigativo se convierta en buscar todo desde la comodidad de Internet. Viendo en lo que se ha convertido El Espectador, uno se pregunta por qué existiendo Internet, aún existe el periodismo analógico. Por qué aún existe El Espectador.

jun 08

Sentimientos mezquinos

En los últimos días, el deporte colombiano le ha dado al país dos noticias: una buena y una mala. La buena, el triunfo de Nairo Quintana en el Giro de Italia. La mala, la exclusión por lesión de Falcao García de la selección que jugará el mundial de fútbol en Brasil. Resulta curiosa la reacción del ciudadano común, proclive a criticar a quien es mejor en su oficio y que no es deportista de alto nivel, ante estas dos noticias.

Empecemos por la buena. Luego de quedar segundo en el Tour, un ciclista colombiano gana por primera vez el Giro, con una destacada actuación de otros ciclistas colombianos, y de pronto todo el mundo se siente “orgulloso” de ser colombiano. Ahora todos somos “verracos”, pedimos un aguardiente -un aguardiente de caña-, y despreciamos y nos ganamos el desprecio de los comentaristas de portales de Internet con discusiones patrioteras estúpidas. Y ahora un ciclista se vuelve ejemplo de lo que en teoría son todos los colombianos, pero en realidad cuando un deportista colombiano triunfa en el exterior, se vuelve sólo el conductor del bus de la victoria en el que se suben los demás, cual parásitos del mérito ajeno como prueba de un terrible complejo de inferioridad. ¿Alguien puede sentirse orgulloso de los triunfos de otra persona cuando lo único que comparte con ella es la nacionalidad?

Dos premisas. La primera: un país es lo que sus ciudadanos hacen de él. La segunda: uno sólo puede sentirse orgulloso de lo que hace, no de lo que hacen los demás. Así pues, haber nacido en un país con tres cordilleras y costa sobre dos mares, es algo para agradecer, no para sentirse orgulloso. A menos que hubiéramos convertido un peladero en un vergel; eso sí sería motivo de orgullo (infortunadamente es más factible lo contrario). Y si los ciudadanos de un país no contribuyen en la protección, formación o educación de sus mejores compatriotas, ni aprenden de ellos el sentido de la disciplina y la cultura del esfuerzo, ningún derecho les cabe a sentir orgullo por el mérito ajeno.

Ahora veamos el otro lado de la moneda: el del ídolo caído. Aunque aquí también hay mucho que decir sobre ese despreciable concepto llamado idiosincracia, también tengo algunas cosas que decir a título personal, en el ejemplo particular de Falcao García. Si el orgullo aquí es concebido como el parasitismo de los logros ajenos, la antítesis será la alegría por el mal ajeno. Una variante de envidia tan difícil de describir en una palabra que sólo los alemanes crearon el término Schadenfreude, aunque para el “colombiano-come-colombiano” es completamente familiar. Si Falcao pudiera jugar el mundial de fútbol y marcar goles, todos los colombianos estarían orgullosos de ello. Y se olvidarían de decir que sólo es un empujapelotas, más preocupado de la plancha del pelo y los millones de euros que gana en Mónaco que de defender la camiseta de la selección (porque nadie aquí dijo eso jamás).

Y ahora sí, mi reflexión personal. El deísmo es la aceptación de que el dios sin nombre de los cristianos creó el mundo, pero hasta ahí llegó su intervención en los asuntos mundanos. Por lo tanto, por muchas velas que le prendan, no va a decidir el resultado de un partido de fútbol ni la suerte de un futbolista. Muy en el fondo de mi conciencia surgió ese schadenfreude por saber que Falcao no jugará el mundial, porque de haberlo hecho habría provocado un milagro inadmisible. Recuperarse en cuatro meses de una lesión que en la práctica necesita al menos de seis, sería visto oportunamente como una intervención de su dios-hijo de dios-que no es dios, y como una prueba de que los milagros existen, y más para quienes pagan diezmo en millones de euros. Habría sido insoportable.

Por muy inclinada a la mediocridad que sea la idiosincracia colombiana, no existen términos medios con los sentimientos. O se ama o se odia con pasión, nunca con indiferencia. Cuando alguien gana, “ganamos todos”; cuando pierde, “pierden ellos”. La envidia, el complejo de inferioridad disfrazado de  orgullo o el schadenfreude son sólo prueba de ello, pero por muy arraigados que estén en la psicología autóctona nacional, no significa que el en fondo no sean sentimientos mezquinos.

Reflexiones sueltas: autoayuda

Quote

“Si los libros de  sirvieran, se habría escrito sólo uno”.

Will Fergusson

La autoayuda es a la sabiduría lo que la homeopatía a la medicina. Cuando uno necesita un buen consejo es cuando más aparecen los seguidores de la autoayuda y su colección de frases bonitas sin sentido.

Y es que la autoayuda es tanto una estafa como un buen negocio, pues no hay mucho que inventar. No hay que esmerarse mucho en crear consejos como  “lleva la felicidad dentro de ti, o no la encontrarás afuera”, o reciclar un montón de frases de otras personas -que muchas veces son falsas o apócrifas-, o el colmo, de otros libros de autoayuda. Siempre he necesitado consejo, y ya sea que me salgan con la Biblia o Paulo Coelho, o con esa actitud de “tengo una respuesta para todo”, siempre termino con ganas de hacerles la misma pregunta (y con la misma actitud):

AUTOAYUDA

abr 19

Lo que recuerdo de García Márquez

El jueves santo del año del Señor de 2014, al igual que su Úrsula Iguarán, falleció Gabriel García Márquez. Las reacciones que ha tenido su muerte en todo el mundo han sido prueba de que ni la muerte es el destino común de todas las vidas; pues mientras algunos no merecen ni una mediocre intrascendencia, algunos como Gabo hace mucho que alcanzaron la inmortalidad.

Vale aclarar que como buen parroquiano de a pie, nunca conocí a García Márquez, pero en esta era de internet, todo el que tenga un teclado a su alcance ha escrito o escribirá sobre él un montón de cosas; ya sea para atraer visitas o sumarse a esa ola de admiración que aparece cuando fallece alguien importante. Incluso entre quienes lo consideran el mejor autor que han leído nunca (porque nunca lo han leído). Por lo general, siguiendo la tradición de “no hay muerto malo”, la mayoría de las reacciones en redes sociales como Twitter han sido de admiración y respeto a la vida y obra de García Márquez. Aunque, siguiendo con la otra entrañable tradición de “colombiano come colombiano”, no falta quien sólo busca llamar la atención, aunque sólo sea por conseguir sus quince minutos de fama. De muy mala fama:

La vergüenza olvida, Internet no. Que hablen bien o mal, pero que hablen.

La autora del despropósito de marras reconoce a medias la obligación moral que implica el derecho a la libre expresión: “Sin desconocer ese gran talento para convertir los sueños en letras, sí cuestiono la manera como García Márquez y muchos otros artistas olvidan su responsabilidad social.”. Habla, creo, de la responsabilidad de no abanderar con su amistad personal con Fidel Castro, y su simpatía por el socialismo, la imagen de un régimen político cuestionable como el castrismo. Si tiene el derecho a expresar su punto de vista, lo cierto es que eligió muy mal momento y maneras para hacerlo. Porque si también se refiere a la responsabilidad social de hacer lo que le corresponde a la clase política, cualquiera verá que, como todos los que le reprochan a Gabo su presunta indiferencia a su país natal, está razonando fuera del recipiente.

Pero de lo que quiero hablar es lo que recuerdo de García Márquez. Recuerdo que la mejor manera de que un alumno aprenda a aborrecer la buena literatura es obligarlo a hacer un trabajo escrito en una semana sobre un libro del tamaño de Cien años de soledad. Más adelante, libre del yugo del adoctrinamiento en mediocridad que es la educación básica, fue cuando pude declarar -y sin ánimo de oportunismo- a García Márquez como uno de mis escritores favoritos. Aun cuando leer me cuesta trabajo -y más lo que se escribe hoy en día-, fue con la célebre primera frase de Cien años de soledad como descubrí la maestría de juntar los tres tiempos verbales en una misma frase. Pero lo más cautivante de García Márquez es sin duda su estilo, su dominio de la narrativa -no, no es respuesta prefabricada, ni vale para cualquier autor-. Tan claro como que al empezar a leer a Isabel Allende es fácil afirmar: “esta mujer lo que quiere es imitar a García Márquez”. Sólo un estilo como el suyo es capaz de educar a un analfabeto por convicción en el arte de distinguir a los buenos escritores de los juntaletras.

Porque más que su obra, siempre pensé que era el estilo lo que importaba de un autor. Fue el estilo lo que me hizo impotable, por ejemplo, al Quijote. Ya sea que hubiera escrito la Biblia o el directorio telefónico, lo que me interesa de cualquier autor es la forma en la que adopta los recursos del idioma y ataca el problema de expresar las ideas. Y eso es otra cosa que recuerdo: la complejidad de las frases de García Márquez que nada tenían que ver con las frases sueltas o aforismos de esos que hoy saturan el spam en forma de infames presentaciones de Power Point. Por su estilo es fácil reconocer que no se puede acusarlo de escribir cualquier cosa medio bonita y hasta cursi, y decir que fue su autor. Cualquier parásito de atención o sanguijuela de visitas habrá recurrido a firmar con el nombre de Einstein, Gandhi o García Márquez cuanta frase de libro barato de autoayuda se le ocurra. Pero Gabo no era eso. Lo que yo recuerdo es que, ya sea con un cuento como Algo muy grave va a suceder en este pueblo” o un informe sobre la educación nacional, si García Márquez quería expresar una idea lo hacía del modo más imbricado posible.

Justamente, lo que más me interesa recordar de García Márquez fue algo tan prosaico como un informe sobre la educación nacional. Su proclama, “Por un país al alcance de los niños”, encabezaba el informe conjunto de una comisión de expertos sobre el futuro de la ciencia y la educación en Colombia, realizado en 1994. En realidad, antes estaba el prólogo, escrito por el presidente Cesar Gaviria, abanderado de la apertura económica, la constitución de 1991, y de esa ola de renovación y esperanza en el futuro que le mostraron el mundo a Colombia en el estertor del siglo XX. Luego venía Rodolfo Llinás, analizando la importancia de la ciencia y la tecnología en el desarrollo nacional, comenzando por la necesaria definición de qué es realmente un científico. Pero sería García Márquez quien describiría como nadie el punto de partida del reto de transformar nuestra realidad: la causa y consecuencia de lo que implica ser colombiano. Ser expresiones de dos realidades distintas en una sola.

Ser de los que se enorgullecen de que este sea un país culto, con personas como Botero, Mutis o García Márquez, y ser al mismo tiempo ajenos e indiferentes por gusto a esa cultura. Ser de los que ganan cuando ganan unos y ser de los que juzgan y desprecian cuando pierden otros. Ser de los que desean una realidad mejor y también ser indolentes a la hora de hacer algo para transformarla. Ser, como diría Gabo, de los que se indignan por la mala imagen del país en el exterior, y al mismo tiempo ser autores de una realidad aún peor. Gabo tenía claro en el título de su proclama: si Colombia tendrá un futuro, será el día en que los colombianos dejen de anhelar un país en una paz que no comprenden, y al mismo tiempo le nieguen un futuro a los únicos que pueden transformarla: los jovenes, los sabios, los niños. Porque cuando la educación consiste en enseñar a ganarse una vida que nadie quiere para vivir en un país que nadie entiende, sucede que nadie cree que la literatura y el arte sirvan para crear una mejor sociedad. Y al mismo tiempo sucede que todo el mundo se hincha de un orgullo que no merece al pensar que somos un país cultísimo porque tuvimos un premio Nobel.

P.D.: Recién me entero que alguien pagó 34 millones de euros por una raya en un cuadrado azul. Sólo la pintura, o incluso la escultura, pueden darse el lujo de aparentar profundidad en una simplicidad tan ramplona. ¿Cuál sería su equivalente en la literatura. Coelho?

feb 18

Comprando acciones de Bancolombia

El pasado 10 de febrero, Bancolombia inició una oferta pública de acciones preferenciales que permanecerá abierta hasta el día 28. Pues bien, a la luz de mis cambios de prioridades en lo relativo a finanzas personales, decidí comprar un paquete menor de 200 acciones* (el mínimo es de 100), al precio de suscripción de $23.200 por acción. La idea era mover unos ahorros ociosos por segunda vez, como había sido antes con un paquete mínimo de Ecopetrol (en la primera emisión, afortunadamente). Sin embargo, a pesar de lo prosaico de un trámite bancario, hubo algunas cosas para reflexionar.

Lo primero: comprar acciones de bancos no da lugar a doble moral. Quejarse y renegar es gratis, pero según mis nuevos referentes en esto de las finanzas, si la gente cree que que los bancos son unos privilegiados en este país, entonces ¿por qué la gente no compra acciones de bancos? ¿O por qué la gente no usa más inteligentemente los servicios bancarios?

http://www.youtube.com/watch?v=Vgpemz31ilQ

Han sido muy reveladores los comentarios, sobre todo negativos (algunos con fundamento), en los medios digitales que han cubierto el tema, o el hashtag #DueñodeBancolombia (abierto por el propio banco), en los que cualquier autor de finanzas personales encontraría una actitud de conformismo, frustración y rechazo al progreso económico verdadero.

Lo segundo: cuanto menos curioso me pareció que en la sucursal en donde consulté sobre el tema, no supieran responderme a la pregunta: ¿qué hace preferencial a la acción que ofrecen? ¿O qué diferencia hay con las acciones ordinarias? Aparte de leer lo mismo que dice la página, sólo supieron decirme: “no dan derecho a voto”. Justamente decidí comentarlo en Twitter como respuesta a una imagen-parodia de las campañas de educación financiera de los bancos. Bancolombia respondió, pero en la sucursal tuve la impresión de que había más interés por completar cuotas o algo así.

De todas formas, como dicen que uno se arrepiente más de lo que no hizo que de lo que hizo, opté por comprar. En el mundo de las finanzas hay mucho expertólogo y analista y según algunos esta acción puede llegar a fin de año hasta los $32.700 por acción, aunque para entonces sólo queda esperar a ver. Si no fuera porque las consultas financieras no son gratis, habría esperado una buena asesoría. Sin embargo, por muchos enemigos y hasta víctimas que pueda tener, estamos hablando de un banco. Muy malo habrá de ser un banco para que le vaya mal en este país. A diferencia de la segunda etapa de Ecopetrol, esta vez creo que no hay mucho que pensar.

*Actualización: al final me adjudicaron 115 acciones. Si pedí 200 es porque estoy en capacidad de pagar 200, pero en el fondo siempre tuve la impresión de que se trataba de una subasta.

feb 18

Reflexiones sueltas: las cosas por su nombre…

El reggaetón es una música que no tiene letra sino letrina.

Comentario en semana.com a la tutela simbólica interpuesta por el músico Darío González en contra del género-banda sonora de la pseudocultura lumpen. Yo iría más lejos: hace cinco siglos los conquistadores trajeron las enfermedades venéreas; hoy están infestados de reggaetón, la única enfermedad venérea de transmisión sonora. ¿Tengo razón?

Valga decir que no creo en las cosas simbólicas. Aunque haya conseguido llamar la atención sobre buscar que eso “no invada todos los espacios del diario vivir”, no es el único género punible ni la única exigencia posible de respeto al derecho ajeno. Porque ese es el problema con las mediocracias: no les basta con ser mediocres, sino que no se lo guardan para sí mismas. Y ya sabemos lo que importa para ellas el respeto al derecho ajeno.

feb 03

Estadísticas del Baloto (II)

Como una continuación de la primera entrada sobre estadísticas del Baloto, adjunto otros análisis adicionales, esta vez del sorteo principal que ala fecha suman 1.335 resultados, dejando de lado la Revancha por el corto historial de resultados:

Parejas más frecuentes por número

Ya sabemos que con los 45 números del Baloto se pueden formar 990 parejas posibles, y que a la fecha la dupla 15-22 es la que más se ha producido (40 veces en el sorteo principal). Pero si buscamos un número en particular, ¿con cuál otro número ha formado más parejas?

Algunos autores llaman “clústers” a las parejas que más suelen producirse en un periodo de resultados. Por ejemplo, el número 2, el más frecuente, ha formado más parejas con el 13 (33 veces), y menos con el 7 (15 veces). La imagen anexa es el resumen de los “clusters” más frecuentes para cada número:

baloto_clusters
Parejas más frecuentes por número.

Números que más tienden a repetirse

La recomendación más común para apostadores de loterías tipo lotto es no incluir en cada combinación más de un número repetido del sorteo anterior. Pero ¿cuál es la frecuencia de cada número a repetirse?

baloto_repetidos33
Frecuencia de repeticiones por número

Según la tabla de la imagen anterior, los números 4330 y 21 se han repetido 33 veces con respecto a un sorteo anterior, mientras que el 7 ha sido el más reacio a repetirse (14 veces).

Complejidad aritmética

Un concepto casi desconocido en el estudio de las loterías tipo lotto es la complejidad aritmética de una combinación, por eso no es fácil dar una definición concreta. Es un concepto más conocido por los autores en inglés que en español. Puede definirse como la cantidad de diferencias entre cada número de una combinación. La fórmula de la complejidad aritmética (AC) es AC= D(t) – (r-1), siendo D(t) la cantidad de diferencias únicas, y r es la cantidad de números de cada combinación. Así que la fórmula puede resumirse así: AC= D(t) – 5.

Por ejemplo, la complejidad aritmética de la combinación 1-2-3-4-5-6 es cero, pues las diferencias entre cada número son:

2-1 = 1     3-2 = 1     4-3 = 1     5-4 = 1     6-5 = 1
3-1 = 2     4-2 = 2     5-3 = 2     6-4 = 2
4-1 = 3     5-2 = 3     6-3 = 3
5-1 = 4     6-2 = 4
6-1 = 5

Existen 5 valores únicos de diferencias: 5, 4, 3, 2, 1. Por lo tanto, D(t)-5 = 5-5 = 0. Haciendo el ejercicio con la última combinación ganadora del Baloto (5-17-21-29-40-43), resulta que su complejidad aritmética es 9.

Ahora bien, ¿Cuál es la razón de ser de la complejidad aritmética? Algunos autores la ven como una garantía de dispersión de números para evitar los patrones típicos que asume la gente cuando se enfrenta a la matriz de 5 x 9 casillas: demasiados números consecutivos, muy pocos números altos (mayores de 22), o figuras como diagonales, líneas, cruces y otros. En el caso del Baloto, y siguiendo el criterio del 80%, la complejidad aritmética de las combinaciones del Baloto está entre 7 y 10, que son los valores recomendados cuando se juega una lotto 6/45 (aunque el valor de 6 también tiene una frecuencia significativa):

baloto_complejidadarit
Frecuencia de la complejidad aritmética

Frecuencia en la matriz de 5 x 9

Como cualquier lotería 6/45, el Baloto se puede jugar seleccionando números en una o varias tablas de 5 x 9 casillas. Tanto autores como programadores ven en dicha matriz una fuente de patrones o ideas, tales como frecuencias de los números de los bordes o números anexos en filas o diagonales.

Por ahora, el único patrón que tengo para visualizar en una matriz de 5 x 9 es la frecuencia de los números, como se ve en la imagen inferior. La primera tabla muestra la frecuencia del número correspondiente en cada posición de la matriz ilustrada abajo. En ambas tablas, el color más oscuro representa al número más frecuente:

baloto_frecuenciascolor
Frecuencia de números en una matriz típica de 5 x 9 casillas.

Addendum: El Baloto: ¿impuesto a qué?

Como ya había mencionado los cambios de prioridades de mis asuntos personales, creo que hay que replantear la utilidad de tanta estadística sobre el Baloto. Es cierto que este tema me ha reportado visitas aunque este sigue siendo un blog personal y no pretenda ganar lectores a base de aparecer en los buscadores. De todas maneras los datos sobre el Baloto están ahí. Para unos tal vez sean una una pérdida de tiempo, o incluso un mal pasatiempo; para otros pueden resultar útiles, sobre todo si apuntan a objetivos más accesibles como 4 ó 5 aciertos (con los que sigue siendo factible ganar dinero) en vez de 6. Y si no los analizo y publico yo, alguien más lo hará.

Ahora bien, empalmando el tema de las prioridades con el de la reeducación financiera, después de buscar cuanto hay sobre Robert Kiyosaki, opciones de inversión, oro, plata, Forex y otras hierbas, terminé encontrando un canal en YouTube creado por Juan Diego Gómez, economista antioqueño dedicado a promover las inversiones por Internet y la educación financiera. Luego de releer a Kiyosaki, la segunda influencia más grande en el cambio de prioridades que he tenido respecto de la reeducación financiera proviene de todo el material que ha publicado en YouTube. Es muy conocido en redes sociales e incluso algunos lo consideran el “Kiyosaki colombiano”. Para los detractores de Kiyosaki y los autores de autoayuda no es precisamente un halago, pero esa es otra historia.

En uno de sus videos más recientes, Juan Diego Gómez se ha referido al tema del Baloto explicando por qué es caro, pero aunque el video sea muy breve, se toma algunas libertades con los datos. De entrada, dice que las loterías son “un impuesto a la estupidez”; discutiblemente cierto si se omite que el concepto más conocido es el de Roger Jones“la lotería es un impuesto voluntario a no saber matemáticas”. Jugar lotería es una cosa; saber jugarla es otra. Es posible que apuntarle al premio de 6 aciertos sea una quimera, pero no es la única manera de jugar a las loterías tipo lotto (jugar en solitario tampoco lo es). Por ejemplo, si la probabilidad de ganarse el Baloto es de 1/8.145.060 (0.000012277%), los mejores sistemas de ruedas parten de la base de apostar por premios menores, aunque mantienen la probabilidad de 6 aciertos entre el 0.05% y el 15% (incluso más, para ruedas pequeñas de pocos números).

El video pregunta y responde por qué es caro (que no costoso) el Baloto. Explica de forma sencilla el tema del precio justo para el jugador, sobre la base de que dicho precio debería ser el resultado de dividir el monto inicial del premio sobre la probabilidad,  es decir $240 (exactamente $245.55), cuando en realidad cuesta $5.500 (no sé por qué habla de $6.000). No menciona temas como la esperanza matemática y otros conceptos que son los que realmente hacen de las loterías una mala inversión, si se apunta sobre todo al premio mayor. Por ejemplo, en el caso del Baloto, el acumulado no se queda en $2.000 millones, y llega un momento en el que, descartando combinaciones, planteando sistemas y sobre todo, jugando en grupos, la desventaja del precio justo se puede reducir considerablemente. Y para eso, como diría Gonzalo García-Pelayo, lo mejor es jugar cuando “hay bote”.

Sin embargo, Gómez hace una sentencia muy válida: depositar esperanzas en el azar es reconocer una incapacidad absoluta de generar capital o administrar una economía personal. Y así como alguna vez afirmé que los colombianos no quieren la paz porque sus actos no lo demuestran, Gómez critica la actitud de los colombianos hacia el dinero, quejándose de los bancos pero desconociendo otras opciones de ahorro (y en mi opinión, reivindicando la demagogia revanchista y robinhoodesca de la ultraizquierda); malgastando tiempo y oportunidades de acceso a la tecnología siguiendo en redes sociales a gente de la farándula en lugar de aprender de casos ejemplares de gestión de finanzas, pero quejándose resignadamente de su mala situación económica. Si por su actitud fuera, diría que los colombianos quieren seguir estando económicamente mal. Que alguien me demuestre que no es cierto:

http://www.youtube.com/watch?v=ekHYZHDKJlc