nov 29

Reflexiones sueltas: reggaetón y derechos humanos

“Aguantar dos horas de reggaetón da para violar todo el derecho internacional humanitario en defensa propia”.

Comentando el artículo Canciones que se han usado para torturar, muy curiosamente no soy el único en pensar que el reggaetón y aberraciones conexas podrían ser usadas como medio de tortura. Porque lo son.

P.D.: “La gente, el reggaetón y, dice Pineda, la anarquía, se apoderaron de la noche del barrio.” Crónica de la vida nocturna de Caracas, la ciudad más violenta de Sudamérica. Ahí lo dejo.

Reflexiones sueltas: autoayuda

Quote

“Si los libros de  sirvieran, se habría escrito sólo uno”.

Will Fergusson

La autoayuda es a la sabiduría lo que la homeopatía a la medicina. Cuando uno necesita un buen consejo es cuando más aparecen los seguidores de la autoayuda y su colección de frases bonitas sin sentido.

Y es que la autoayuda es tanto una estafa como un buen negocio, pues no hay mucho que inventar. No hay que esmerarse mucho en crear consejos como  “lleva la felicidad dentro de ti, o no la encontrarás afuera”, o reciclar un montón de frases de otras personas -que muchas veces son falsas o apócrifas-, o el colmo, de otros libros de autoayuda. Siempre he necesitado consejo, y ya sea que me salgan con la Biblia o Paulo Coelho, o con esa actitud de “tengo una respuesta para todo”, siempre termino con ganas de hacerles la misma pregunta (y con la misma actitud):

AUTOAYUDA

feb 18

Comprando acciones de Bancolombia

El pasado 10 de febrero, Bancolombia inició una oferta pública de acciones preferenciales que permanecerá abierta hasta el día 28. Pues bien, a la luz de mis cambios de prioridades en lo relativo a finanzas personales, decidí comprar un paquete menor de 200 acciones* (el mínimo es de 100), al precio de suscripción de $23.200 por acción. La idea era mover unos ahorros ociosos por segunda vez, como había sido antes con un paquete mínimo de Ecopetrol (en la primera emisión, afortunadamente). Sin embargo, a pesar de lo prosaico de un trámite bancario, hubo algunas cosas para reflexionar.

Lo primero: comprar acciones de bancos no da lugar a doble moral. Quejarse y renegar es gratis, pero según mis nuevos referentes en esto de las finanzas, si la gente cree que que los bancos son unos privilegiados en este país, entonces ¿por qué la gente no compra acciones de bancos? ¿O por qué la gente no usa más inteligentemente los servicios bancarios?

http://www.youtube.com/watch?v=Vgpemz31ilQ

Han sido muy reveladores los comentarios, sobre todo negativos (algunos con fundamento), en los medios digitales que han cubierto el tema, o el hashtag #DueñodeBancolombia (abierto por el propio banco), en los que cualquier autor de finanzas personales encontraría una actitud de conformismo, frustración y rechazo al progreso económico verdadero.

Lo segundo: cuanto menos curioso me pareció que en la sucursal en donde consulté sobre el tema, no supieran responderme a la pregunta: ¿qué hace preferencial a la acción que ofrecen? ¿O qué diferencia hay con las acciones ordinarias? Aparte de leer lo mismo que dice la página, sólo supieron decirme: “no dan derecho a voto”. Justamente decidí comentarlo en Twitter como respuesta a una imagen-parodia de las campañas de educación financiera de los bancos. Bancolombia respondió, pero en la sucursal tuve la impresión de que había más interés por completar cuotas o algo así.

De todas formas, como dicen que uno se arrepiente más de lo que no hizo que de lo que hizo, opté por comprar. En el mundo de las finanzas hay mucho expertólogo y analista y según algunos esta acción puede llegar a fin de año hasta los $32.700 por acción, aunque para entonces sólo queda esperar a ver. Si no fuera porque las consultas financieras no son gratis, habría esperado una buena asesoría. Sin embargo, por muchos enemigos y hasta víctimas que pueda tener, estamos hablando de un banco. Muy malo habrá de ser un banco para que le vaya mal en este país. A diferencia de la segunda etapa de Ecopetrol, esta vez creo que no hay mucho que pensar.

*Actualización: al final me adjudicaron 115 acciones. Si pedí 200 es porque estoy en capacidad de pagar 200, pero en el fondo siempre tuve la impresión de que se trataba de una subasta.

ene 27

Sobre la reeducación financiera

Hablar de re-educación es hablar de algo que salió mal desde el principio, de corregir algo sacado abruptamente del camino de lo bueno, lo correcto o lo deseable. Sólo se habla de reeducación cuando forzosamente hay que hacer algo que no hubiera sido necesario de haber funcionado una educación adecuada, o de no haberse hecho demasiado tarde. Igual con un hábito que con una vida entera, cuando uno se da cuenta de que algo no está bien, el primer paso para corregirlo es olvidar todo lo que uno aprendió, y lo que el mundo enseñó y sigue enseñando. Y si el individuo, la sociedad, el país o el mundo funcionan mal, es porque todo lo que han aprendido funciona mal. Y para colmo, es lo que se sigue enseñando. Y por supuesto, mal.

¿Por qué a la enseñanza secundaria que incluye cosas útiles en la vida como dibujo técnico, programación o contabilidad se le dice “bachillerato técnico”, y a la que enseña cosas inútiles como danzas, artesanías o religión se le llama “bachillerato normal”, “académico”, o incluso “educación vocacional”? Llama la atención que la educación sea sólo una forma de adiestramiento para la dependencia, que las finanzas personales no se consideren importantes, y que la única relación de la educación con el dinero sea enseñar las destrezas suficientes para que alguien consiga un empleo y una hipoteca. Es cierto que aquí y ahora la inflación “baja”, el consumo “aumenta” y la economía “crece”, pero el desempleo sigue siendo alto, y no parece que exista una relación entre educación y desempleo, o entre educación y pobreza. O sí la hay. Si la educación en este país tiene un propósito, seguramente sea algo que no tenga que ver con la vida cotidiana.

Prueba de ello es que mucha gente no tiene la menor idea de cómo administrar el dinero ni su economía personal o familiar. Cuando no merecen que la estafen, la gente solo sabe ahorrar lo que más pueda, abrir un CDT, o adquirir una hipoteca para comprar una casa, arrendarla y dejar que “se pague sola”. O comprar acciones como las de Ecopetrol, que hoy valen menos de lo que pagaron por ellas en la segunda emisión (“No hay mucho que pensar”, decían; “es Ecopetrol”, decían). Y hablar de “educación financiera” es aun más triste: o nadie sabe lo que es, o sólo los bancos, los especuladores, o los vendedores de autoayuda financiera saben lo que es.

Sobre estos últimos, el más conocido es Robert Kiyosaki. Su mayor logro precisamente fue poner de moda el concepto de educación financiera, al punto de casi asociarla con su obra más famosa, Padre Rico, Padre Pobre. Es un buen libro, pero al tener pocos consejos concretos es más considerado un libro de autoayuda que de finanzas personales. Recomienda aprender a distinguir entre activos y pasivos, y su mayor consejo se resume en que la riqueza se construye invirtiendo en activos que generen ingresos pasivos (aquellos que no requieren del trabajo). Un buen consejo pero no más concreto que “consiga más dinero”. Suficiente para despertar la curiosidad e instar a investigar más, aunque uno se encuentre con la otra cara de la moneda.

Algunos consideran a Kiyosaki un farsante, bien por aprovecharse de sus seguidores, por haber fingido una quiebra para no pagar una deuda, o simplemente porque su logro fue hacerse rico vendiendo libros sobre cómo hacerse rico (como los vendedores de métodos para la lotería). Los “autoayudantes” dicen que cuestionar la relación entre ética y dinero al creer que el dinero es “malo” y que los ricos son “malos”, no ayuda a atraer la prosperidad, pero ejemplos como éste o sus favoritos como Bill Gates, George Soros, entre otros, tampoco ayudan. El nombre del juego es hacer dinero, y es un juego de suma cero: si alguien gana es porque alguien más pierde. Capitalismo darwiniano, que llaman.

Después de saber qué es el dinero, lo lógico es saber luego qué hacer con él. Ahorrar es bueno, pero en este país, las cuentas de ahorro son puro sarcasmo. Rendimientos que no compensan ni las cuotas de manejo, CDTs con rendimiento apenas superior a la inflación (hoy los bancos pagan al año entre el 3 y el 6%), y otras opciones “riesgosas” es todo lo que ofrecen los bancos, que tienen utilidades infames pero siguen abriendo sucursales con diez ventanillas y tres cajeros (porque los servicios financieros son costosos). Supongo que hay otras opciones de inversión pero ningún asesor bancario en horas de almuerzo ha sabido explicarme bien.

Por último, Internet. Más allá del comercio electrónico, publicidad, pagos por clic o juegos de azar, lo mejor que ofrece Internet son dos opciones: Forex (el mercado mundial de divisas) y las opciones binarias. Aparte de Wikipedia, no he podido encontrar una definición imparcial de ambas sin pasar por sitios promocionales o que afirmen que son estafas. Por ejemplo, consideré invertir en opciones binarias hasta encontrar un muy buen artículo que describe lo que pensé desde un principio: que sólo son apuestas con base en los movimientos de la bolsa. Y al parecer Forex es para expertos bursátiles o especuladores en potencia -por más que hablen de odontólogos o amas de casa ganando dinero mientras otros duermen-.

Sé que desde antes de Instagram la gente no lee en Internet, o si lo hace, no lee textos de más de 140 caracteres. O que tener un blog no significa que lo lea alguien. Pero aún así me arriesgo a pedir consejo a la red de redes sobre qué hacer con mi dinero. ¿Alguien me puede recomendar algo? ¿Sin usar palabras como “pirámide”, “multinivel” o “herbalife”? ¿Sin que necesite un Ph. D. en economía y finanzas?  ¿Sin tener que abrir una iglesia cristiana? ¿Sin el riesgo de una condena a 40 años de cárcel? Si alguien sabe algo que yo no sé, en nombre de la inteligencia colectiva de la red se lo agradezco. Porque sobre dinero, francamente tengo todo por aprender. Y esta vez, aprenderlo bien.

ene 27

Cambios de prioridades

Una entrada breve para marcar un punto de inflexión sobre las prioridades, no sólo del blog, sino de la vida de quien lo escribe. Por prioridades me refiero a lo que antes había descrito como intereses: juegos abstractos, azar, reflexiones personales, etc. Pero en las últimas semanas he tenido otras motivaciones para interesarme en otras cosas en detrimento de otras que voy a comentar en lo que viene al final.

El ajedrez, por ejemplo. Durante mucho tiempo, el ajedrez fue uno de los pocos refugios que tuve, pero ahora, y sobre todo con los últimos intereses que me mueven, lo estoy considerando casi una pérdida de tiempo. Siempre se ha dicho que el ajedrez es un boxeo mental, y al igual que el boxeo, es una lucha de egos. Ahora no tengo ego suficiente como para buscar endorfinas a base de ganar, o pensar en dejarlo de una vez por todas a punta de perder. El ajedrez se ha vuelto algo que tal vez nunca comprenda del todo, o que de comprenderlo no valga la pena.

Diría alguien que esas son palabras de mal perdedor; diría que son de muy buen perdedor -sobre todo de esa clase de jugador que extrae brillantísimas derrotas de partidas muy ganadas-. No quiero despotricar en contra del ajedrez (tampoco hace falta esforzarse mucho), y seguirá siendo una opción como ejercicio mental, pasatiempo o lo que sea, pero viendo sobre todo el tiempo que demanda convertirse en maestro, viendo a quienes lo practican, a quienes lo consideran signo de superioridad intelectual, y hasta a quienes viven de él, creo que es -sobre todo a la luz de lo que viene al final– una pérdida de tiempo.

Hablando del resto de juegos abstractos y otros, he estado desarrollando un par de juegos basados en cartas coleccionables, uno de ellos también orientado a ser juego de rol en solitario o algo así, pero por ahora es otro proyecto que va a estar aparcado un buen tiempo. Son juegos muy básicos pero que han demandado mucho tiempo, sobre todo porque estoy desarrollándolos sobre la única plataforma de “programación” que conozco: macros en Excel. Si lo que viene al final sale bien, tal vez publique algunos archivos y hasta solicite testers y todo eso.

Sobre el Baloto y otros juegos de azar, nunca tuve la idea de ganar lectores a base de estos artículos, aunque ya me han reportado visitas, resultados en buscadores y hasta un par de comentarios. El Baloto está muy relacionado con lo que viene al final, y probablemente siga siendo fuente de algunos artículos más, pero aunque tuviera una formación matemática excepcional, no creo que sea posible sacar más partido estadístico de algo que, como todo buen juego de azar, hace lo que le da la gana. Hay un par de campos más para estudiar, pero eso dependerá de cómo salga lo que viene al final.

Bueno, ¿y qué rayos es lo que viene al final? Pues ya que estamos en el final, a eso lo he llamado reeducación financiera. Es la base del replanteamiento personal de toda una vida de educación para la dependencia, y de un futuro lleno de incertidumbre. Aunque mi situación financiera es técnicamente buena, el tiempo no pasa en silencio; y no voy a esperar a estar de nuevo en la cornisa para saber si existe algo mejor que lo que tengo ahora, o para saber qué es realmente el dinero. He encontrado muchas cosas sobre las que quiero escribir en próximos artículos, pero sigo buscando opciones de ahorro e inversión diferentes a las que han producido el hipotecado mundo que conozco.

Aún queda mucho por resolver en la base de la pirámide de Maslow. Aquí es donde un objetivo de escribir un blog personal sea pedir consejo al mundo. Y donde mover fichitas* en una mesa se vuelve una imperdonable pérdida de tiempo.

* Sí, yo soy de los primeros que corrigen a quienes dicen fichas en vez de piezas (de ajedrez). Pero en serio, ¿acaso importa ahora?

ago 11

Batallando con el ‘responsive design’ (y la porquería de Internet Explorer)

Siguiendo con la idea de crear un sitio personal con el solo propósito de aprender y experimentar, y con el escaso tiempo libre que dejan las obligaciones cotidianas, ya he subido una maqueta de prueba. Bastante trabajo teniendo en cuenta que hubiera podido elegir una plantilla lista para descargar, o usar los creadores automáticos de sitios del proveedor de hosting (muy recomendable en mi experiencia, por cierto: a diferencia de otros servicios de hosting gratuito sin publicidad, Hostinger tiene versiones de PHP y MySQL actualizadas para instalar la última versión de WordPress y MediaWiki entre otros servicios).

Sin embargo decidí aprender por mi cuenta la maquetación básica. Aunque todavía no está terminada la estructura del sitio (si no está claro aún el objetivo no se puede esperar otra cosa), la maqueta cumple con su propósito. No es fácil pasar del paradigma del WYSIWYG y de la maquetación en tablas, a trabajar sólo con código y con los nuevos estándares: HTML5 y CSS3, pero el resultado es bueno. Falta agregar contenido y el trabajo gráfico está aún por hacer, pero la maqueta responde bien al criterio del ‘responsive design’ ( o “diseño sensible”, porque a los puristas del idioma la expresión “diseño responsivo” seguramente les molestará).

Haciendo pruebas, la maqueta se adapta bien a distintos tipos de pantalla, y la primera prueba en un smartphone con pantalla de 3″ fue buena: los componentes de la página se adaptan a los 200 px de ancho y la galería funciona bien, aunque dependiendo de la conexión tarda un poco en cargar. Fue muy útil lo que se puede encontrar en tutoriales y videos sobre Media Query para esto, a pesar de ciertos caprichos como tener dos imágenes en el head, o ciertos problemas con los menús desplegables. Sin embargo, algo verdaderamente frustrante fue ver cómo el sitio funcionaba perfectamente hasta que se abría con Internet Explorer.

No importan los hacks o plugins: la galería no se despliega correctamente, y si se hace funcionar, se despedaza el resto de la maqueta. Es la historia de siempre y la pesadilla de todo diseñador web: diseñar un sitio web decente, que cumpla con los estándares, que se vea bien en cualquier navegador… y que funcione también en esa abominación. Tampoco importa cuanto tiempo haya pasado: el odio hacia Microsoft y su Internet Explorer sigue vigente. Windows es en muchos casos un mal necesario (podría decirse mucho sobre la presión de Microsoft a desarrolladores y fabricantes, o del estado de las alternativas de software libre, pero es tema de otra discusión); aunque en cuanto a los navegadores ese no es el caso.

Si la web tiene estándares, los diseñadores se basan en ellos y los navegadores los cumplen perfectamente, entonces la actitud de Microsoft es incomprensible. Porque sus pretensiones de monopolizar la web a base de corromper los estándares son absurdas; más en estos tiempos de la “muerte del PC”, de la computación en la nube, de las aplicaciones web y de la conectividad móvil en la que justamente Microsoft, a pesar de algunos avances, sólo ha dado palos de ciego frente a Android o iOS. Es ridícula su actitud de hacer elegir a usuarios o desarrolladores entre una web estándar o una compatible con un navegador inferior a todos en cualquier aspecto, que sólo se sostiene por venir preinstalado con Windows; un sistema a su vez impuesto por Microsoft a usuarios, desarrolladores y fabricantes. Y porque la gente, animales de costumbres, lo usan sólo por inercia.

El mundo fue testigo de la guerra de los navegadores y de las prácticas de Microsoft rayanas en la conducta mafiosa. Pero ahora el mundo no es como lo que Microsoft pretendía cuando “ganó” la guerra contra Netscape en 1998: un mundo sin competencia -y por tanto, sin innovación-, en el que el infame Internet Explorer 6 impuso sus estándares de facto y no cambió hasta el lanzamiento de IE7… seis años después. Seis. Paradójicamente Microsoft reconoce hoy a IE6 como su peor contribución al atraso de Internet con campañas para dejar de usarlo, y la prueba de lo malo de su navegador seguramente serán las campañas para de dejar de usar IE7, IE8, IE9… Como ya no uso esa bazofia, no sé si Internet Explorer se actualiza solo como cualquier navegador realmente moderno, pero francamente no sería raro.

Pero Microsoft no es el único culpable: tanto los usuarios que usan por inercia lo que les viene instalado, como los gobiernos que subordinan el interés público al de una empresa diseñando páginas de entidades públicas sólo para IE, tienen su cuota de responsabilidad. Muchos dirán que es cuestión de conciencia y divulgación. Admiro la paciencia y el conocimiento de los diseñadores para hacer compatibles sus diseños con ese vómito hecho software; pero yo no voy a perder tiempo con eso, así que adopté una medida temporal. SImplemente al cargar el sitio, si la página detecta que el navegador es Internet Explorer, redirige al usuario a otra página donde explico más o menos las mismas razones, e invito al usuario a descargar otro navegador. Iba a diseñar esa página como si estuviese hecha en Frontpage 98 o algo así, para demostrar el atraso que supone IE para la web, pero prefiero dedicar mi tiempo a terminar el sitio. Aunque no lo vea nadie por no tener interés. O el 31% de nadie por usar lo que unos ineptos con afán de dominar el mundo quieren que usemos.

ago 06

Religión (I): creer en lo que no sirve para nada

Aviso de responsabilidad para dummies: Blog personal = opinión personal.

No hay otra conclusión posible. Por mucho tiempo que haya dedicado a pensarlo desde cuando se adquiere consciencia del mundo, a pesar de media vida entregada a soportar el adoctrinamiento a través de la culpa y el miedo conocido como educación religiosa, y cuando cada minuto del día viene acompañado de su propia angustia existencial, no me es posible llegar a una conclusión diferente: las religiones no sirven para nada.

Para nada útil y positivo, quiero decir. En estos tiempos de neoilustración y ciberenciclopedismo, es muy fácil preguntarse: ¿”Para qué sirve la religión”?; pero aunque se pueden encontrar muchas respuestas, todas asumen uno de dos puntos de vista: el de quienes defienden a las religiones y el de quienes las cuestionan. Sin embargo, el auge de las ideas de quienes atacan a las religiones, la belicosidad de quienes las defienden y la apatía de quienes las practican, sólo permiten concluir más o menos lo mismo en términos más específicos: la utilidad de la religión para influir positivamente en el desarrollo personal (y por tanto, de una sociedad) es tan baja que su desaparición no convertiría esta sociedad en algo sensiblemente diferente. Con religión o sin ella, mañana será otro día.

Esto iba a ser una entrada de introducción a “Nuevos intereses”, pero en realidad también es un poco un ejercicio de catarsis a costa de hablar mal de la religión. Por mucho que me identifique con sus detractores, sólo quiero resumir mi experiencia con todo aquello que trasciende la realidad tridimensional, como diría algún filósofo de morondanga que conocí; y eso incluye cosas más allá de la religión. Para empezar, voy a responder algunas preguntas que seguramente me harían si creyera provechoso participar de un debate.

¿Qué entiendo por religión? Por muy personal que sea mi opinión, sería como responder a “¿Qué entiendo por fútbol?” o “¿Qué entiendo por matemáticas?”. Las cosas son lo que son, y una buena forma de quitarle valor objetivo a una respuesta es comenzarla con frases como“Yo pienso que…” o “Para mí, …”. Así que siendo lacónicos y en modo diccionario: la religión es una actitud del ser humano hacia sí mismo y hacia los demás basada en la creencia en una entidad sobrenatural. Punto.

¿De qué religión estamos hablando? Como la fe parece ser más un asunto de geografía y tradición que de verdad absoluta e irrefutable, me limito a hablar de lo que me enseñaron a creer en esta vida y en este suelo: el cristianismo, y su principal vertiente, el catolicismo. Podría decir muchas cosas sobre otras religiones del resto del mundo, pero como diría aquella amiga de Mafalda, por suerte el mundo queda muy lejos.

¿Cual es su idea de dios? Sí, con minúsculas, porque escrito como si fuera un nombre propio sólo contribuye a la idea de que “sólo existe un dios verdadero”; una violación de patente por apropiación de la marca registrada “Dios”, como si nunca se hubiese hablado de los dioses de chorrocientas mitologías sin que se sepa qué hace más real a uno que a otro. ¿Mi idea de dios? El dios de la biblia. Ese del antiguo testamento que se contradice a cada párrafo con el del nuevo. El que lo ve y lo puede todo y no quiere o no es capaz de hacer nada. El que se ofende si no es adorado y se siente robado si no se le paga un diezmo. El que cuando los demás se empeñan, hace milagros, y cuando algo malo pasa es porque sabe como hace sus cosas. Ese dios.

Pero siendo honestos, es el mejor concepto que tengo de algo que, gracias a quienes hablan de su dios como si quedaran a almorzar con él cada ocho días, no sé qué es. Podría explayarme exponiendo las contradicciones, paradojas y cosas sin sentido sobre la idea de dios, pero nadie me ha explicado nada que no sea un insulto a la inteligencia para demostrar que estoy equivocado. La primera conclusión sobre lo útil de la religión es que muy inútil debe ser una religión que no es capaz de explicar siquiera la idea de dios en la que se basa.

Es que para eso es la fe, dicen unos. Invocar al espíritu santo para leer la biblia, dicen otros. Palabras tan carentes de sentido práctico como “escucha tu corazón” -supongo que no se refieren a usar un estetoscopio-. Obedecer ciegamente lo que dice un libro escrito a pedazos desde hace sesenta siglos. Los devotos viven mejor y son -o se creen- mejores personas que quienes no practican ninguna religión. Dicen. Quisiera creerlo, pero tengo el pequeño problema de vivir en el mundo real, donde el agua no se convierte en vino y no se multiplican los panes ni los peces.

¿Cual es la utilidad práctica de creer en alguna religión? Porque aparte de preceptos de sentido común sobre alcohol y tabaco, de mandamientos y prohibiciones, el único sentido de la religión es conseguir una presunta vida eterna en el reino de los cielos mientras que sus profetas modernos se dan la gran vida aquí en la tierra. ¿Que sirve para tener un sentido de vivir? Eso sólo es posible si primero se inculca en el individuo el sentimiento de culpa por el solo hecho de nacer -el pecado original, que llaman-, y luego el miedo: miedo al pecado, miedo a la muerte, miedo al infierno. Control social de manual a gran escala. Así que por ahora lo dejo aquí, porque me temo que esto va para largo.

P.D.: Gracias a la gente de WTF? Microsiervos, he encontrado una curiosa imagen que no sólo prueba el propósito (o mejor, despropósito) de la religión, sino también es una prueba en cada detalle de ese “amor cristiano” hacia el prójimo que quiera rebatir con argumentos su manera de “pensar”:

¿La perfección de la obra de dios?

¿La perfección de la obra de dios?

jul 29

Mis sitios personales

Nota: al ser este blog una copia de wedrey.wordpress.com, se hace referencia a sí mismo, pero lo incluyo en mención a mis otros sitios personales.

Como parte del reaprendizaje del mundo de la Internet post-Geocities y demás, he abierto un sitio personal en un servidor de hosting gratuito, sólo para experimentar. La página principal del sitio es http://wedrey.hol.es/, dentro de la cual también hay un blog (http://wedrey.hol.es/blog/) que será en principio una copia de éste, así como una página wiki personal (http://wedrey.hol.es/wiki/index.php).

Iba a abrir un foro también, pero sería el colmo de la introversión crear un foro unipersonal. La idea del sitio es tener un sitio de experimentos para trabajos relacionados con páginas web por encargo, aclarando que sólo conozco lo más básico de programación y diseño web. Sin embargo, considero útil una página wiki para complementar los análisis que hago en el blog, así como para exponer mis propios temas y proyectos. Y la idea de un blog secundario como espejo de este se debe a querer estudiar las diferencias entre las dos plataformas de WordPress: la .com y la .org.

Sobre esta última, por ejemplo, si quiero crear un artículo de ajedrez, parece más fácil incluir visores de archivos PGN instalando un plugin; algo que por lo menos hasta ahora no he podido consultar cómo se hace en los blogs alojados en wordpress.com, y lo mismo con otros plugins, lo que al parecer pone a esta plataforma en desventaja respecto de otras como Blogger. A experimentar y veremos.

Aunque el sitio está en línea, aún queda mucho trabajo por hacer, sobre todo cuando se pasa de un mundo en que se hacían páginas en Word o FrontPage y se subían a Geocities, a un mundo en el que la tendencia es el HTML5, el CSS3 y el “diseño responsivo” -un diseño unificado y adaptado a PCs, tablets y teléfonos móviles-. Esta última tendencia me reconforta en el sentido de que adopta la llamada filosofía “KISS” (Keep it simple, stupid!), porque si algo necesito ahora es justamente eso: mantener las cosas simples.

jul 29

Replanteando el derecho a la intolerancia

En su segunda acepción, el diccionario de la Real Academia Española define tolerar como“permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente”, mientras que Wikipedia define tolerancia (social) como “el grado de aceptación frente a un elemento contrario a una regla moral”. En sí mismas, estas definiciones no son sinónimo de indiferencia o indolencia, por lo que se asume que son una actitud deliberada frente a hechos concretos como la diversidad de carácter y pensamiento dentro de una sociedad. Tampoco equivale a impotencia, en el sentido de aguantar lo que no se puede cambiar. Así que la tolerancia se puede definir como una actitud de respeto de un individuo hacia aquello en la sociedad que es diferente a su criterio personal de ética y moral.

Hasta aquí no hay objeción a nada: el respeto al derecho ajeno, la innegable heterogeneidad de los grupos sociales, la libertad de expresión y de pensamiento, la premisa de que, con el límite de los derechos ajenos, el individuo es libre de hacer con su vida lo que le plazca, todo es aceptable dentro de la definición de tolerancia. El problema está en querer incluir aquí lo que está más allá de los derechos individuales, que es abiertamente contrario a las normas y las leyes, que se proclama como derecho pisoteando los derechos de los demás, y que es simple y llanamente intolerable. Y aunque la deformación del lenguaje hacia lo “políticamente correcto” quiera incluir ciertas actitudes dentro del concepto de tolerancia, terminan definiendo justamente aquello que, al comenzar este artículo, aclaré que no eran sinónimos: indiferencia, indolencia e impotencia.

Como dije antes, hablo desde mi punto de vista de ciudadano común y corriente; así que pongamos un ejemplo muy cotidiano: el ruido. Oír música está dentro de los derechos individuales protegidos por la Constitución, pero como en una sociedad de derecho todo está regulado por leyes y normas, hay límites y criterios basados en el sentido común y en el respeto de los derechos de los demás frente a los derechos del individuo. Es decir que para lo que afecte a los demás hay normas, lugares, horarios, etc. Entonces, ¿cómo definen los medios o las autoridades una reyerta entre vecinos por un caso de música a todo volumen a altas horas de la noche? Como un problema de intolerancia. Que si la autoridad local no es capaz de hacer su trabajo e imponer orden, se convierte en un problema de indolencia (o incompetencia). Y si la gente no puede hacer nada para solucionarlo, termina siendo un problema de impotencia.

Hay quienes dicen que nada ni nadie puede imponer límites a las libertades individuales. Por ejemplo, en Bogotá, hay una norma que impide la circulación de vehículos en ciertos días según el último número de su placa. Los anarquistas y ultradefensores de las libertades aseguran que es una norma represora y anticonstitucional, que refleja más la incompetencia del gobierno local en mejorar la movilidad urbana. También podrían argumentar que la Constitución permite por ejemplo, que todo ciudadano colombiano puede irse a vivir a San Andrés porque simple y llanamente es territorio colombiano, aunque la realidad y el sentido común imponen unos límites no deseables si un número suficiente de ciudadanos decide ejercer tal derecho constitucional. Muy curioso es que quienes quieran pasarse los límites del sentido común y el derecho ajeno lo hagan invocando el derecho a la tolerancia. Volviendo al ruido, son muchos los problemas que generan al respecto las iglesias cristianas (sobre todo aquellas “de garaje”), pero son las primeras en invocar el derecho a la tolerancia (siempre que no empiecen por el derecho a la libertad religiosa). Porque todo el mundo sabe que estar en contra de una iglesia ruidosa es estar en contra de la libertad de culto, o que no es posible exigir el respeto a las normas sin pisotear los derechos individuales.

Otro despropósito del lenguaje políticamente correcto es llamar a ciertos lugares donde impera la impotencia, la indolencia, la incompetencia y la inconsciencia de una sociedad justamente como “zonas de tolerancia”. Cada vez que oigo hablar de faltas de respeto a las normas y las leyes donde no toca como “falta de tolerancia”, me digo: “no sabía que esta era una zona de tolerancia”. Posiblemente sea lo que haga falta: dividir a la sociedad en zonas de tolerancia para cada tipo de libertad individual que se quiera ejercitar. Que quien guste del ruido se cree su propio guetto con la apología musical a la felonía que prefiera a todo volumen. Que si sólo el individuo es dueño de su propio cuerpo y quiera hacer de su capa un sayo y de su trasero una piñata, pues que dentro de su área de “tolerancia” se quede. Y que dejen en paz a los demás, que para algo tiene que valer la tiranía de las mayorías en que se ha convertido el chiste llamado democracia. ¿O la mayoría son ellos?

A veces es más fácil sacar lo peor que lo mejor de la gente. Por ejemplo, revisando el tema de las enciclopedias en línea, me encuentro con una que por muy radical, absurda, delirante y hasta ridícula que parezca, por causa del exceso de “tolerancia” no deja de ser cuanto menos intrigante: la Metapedia (enlazo a Google y no a la página principal por aquello de no incluir enlaces a sitios apologistas del odio y cosas por el estilo). Es un sitio al que muchos definen como la “Wikipedia nazi”, una enciclopedia apologista del fascismo, el racismo, el antisionismo y otros prejuicios que pueden ser definidos como intolerancia. De hecho, son la verdadera intolerancia, pero al menos se esmeran en sus justificaciones elaboradas dentro de la lógica y el sentido común (otra cosa es cuando apelan a argumentos como el “orden divino de las razas” y similares). Para evitar ser malinterpretado, veamos un ejemplo.

Los vecinos ruidosos son mal común en casi todo el mundo, y por supuesto España no es la excepción. Y si encima llega gente de fuera que, en lugar de hacer lo que vieres a la tierra que fueres, decide importar su propio sentido del “orden” y el civismo de la tierra que viene, pues pasa lo que tiene que pasar. Y si parece normal exigir el respeto básico a las normas de la sociedad de la que se pretende hacer parte, se invoca de inmediato el racismo y la intolerancia (hubiera querido no buscar entre material apologista de nada, pero no tuve opción). Seguramente porque es una cuestión racial: hay razas que respetan las normas y razas que no. Ahora, cuando se puede ver todo eso sin salir de la cuadra (y todo en nombre de la tolerancia), es porque algo anda muy mal. La tolerancia no es carta blanca para nada. Tampoco las normas y las leyes son un capricho, sino que están justamente para hacer valer los derechos individuales. El equilibrio entre libertades y leyes forma lo que se conoce como convivencia: puedo hacer lo que mis derechos me permiten dentro del límite del respeto a las leyes y los derechos de los demás. ¿En verdad es tan difícil de entender?

Para terminar (porque se me fue la mano con el artículo pero no voy a recortar nada), quiero preguntar cómo se evita que la tolerancia se convierta en indiferencia o impotencia. Muchos pueden decir que semejante actitud proviene de creer que uno vive en una torre de marfil color rosa, donde la basura va en las canecas y los postes no son letrinas públicas. Pues si el gobierno elegido por el pueblo no tiene suficiente fuerza coercitiva para hacer valer las normas y las leyes (es decir, para hacer valer los derechos del pueblo que les dio mandato), entonces que quienes quieran trasgredir dichas normas creen su propia “zona” en donde todo valga en nombre de la tolerancia. Y que se mantengan allí y sólo allí, respetando a los demás el derecho a la intolerancia con lo intolerable.

jul 29

¿Qué decir cuando no hay nada que decir…?

En un mundo en el que todos tienen una historia que contar, no sólo hay gente que cree que su opinión es la última palabra, sino también quienes simplemente no tienen nada que decir. Y ahí me incluyo. Recuerdo cuando era joven y creía tener una opinión sobre casi cualquier cosa. Esa época rara entre el auge del PC y el advenimiento de Internet, cuando convivían Windows 95 y las máquinas de escribir, y en la que Encarta 98 era el non plus ultra del conocimiento interactivo. Y cuando literalmente habría matado por acceder a un computador. Ahora, media generación después, con todo aquello inaccesible a mi alcance y para no convertirme en un fósil en pleno mundo de la web 2.0, heme aquí, enfrentado a la página en blanco. Como si realmente no tuviera nada que decir.Cualquiera diría que alguien que no tiene nada que decir es alguien cuya vida no ha valido la pena de ser vivida. Lo mejor será decir que no hay que exagerar, o la alternativa es empezar a cortarse las venas. También será bueno asumir que no tengo grandes expectativas con un blog, como no las tuve con una cuenta en YouTube. No quiero tener dos mil amigos íntimos en Facebook. No me interesa retransmitir mi vida en Twitter o publicar fotos del espejo en Instagram. Tampoco me interesa “monetizar” un blog, aunque deje de ganar dinero si no inserto publicidad o ayudo a la gente a ganar dinero desde su casa, o publicando refritos de libros de autoayuda o promoviendo ventas multinivel o lo que sea. Mi lógica es simple: foros y blogs bien, redes sociales sin sentido de sociedad, mal. Este es un blog personal y punto. Cuando tenga algo que decir, lo diré. Si sólo a mí me importa, bien. Si a alguien le interesa, mejor.

Alguna vez leí que los extras en teatro, cine o televisión, para simular que están conversando, comienzan preguntándose “¿qué decir cuando no hay nada que decir?”. Y aquí estoy, haciendo el ejercicio de preguntarme qué podría decir, sobre qué podría escribir, haciendo caso omiso de a quién le pueda interesar. Hay mucha información sobre cómo iniciar un blog, incluso para qué iniciar un blog, pero no es lo mismo que saber qué decir en un blog. Afortunadamente los blogs no son de mármol; se puede editar cualquier cosa, y seguramente más de una cosa cambiará. Así que aquí vamos. Aprendiendo a buscar algo qué decir cuando no parece que tenga algo que decir.